Evangelización / misión

No veo separación entre Evangelio y caridad social

Recién llegado de San Pedro Sula (Honduras) para participar en los actos organizados por Obras Misionales Pontificias (OMP) con motivo del Domund 2012, el misionero claretiano y obispo, Ángel Garachana, atiende a Vida Nueva entre compromiso y compromiso.

Aunque se define como burgalés “seco y adusto”, refleja la cercanía, el cariño y energía que dice le manifiestan los hondureños. Camino de los 18 años como obispo misionero, sigue diciendo a sus diocesanos lo mismo que les dijo el primer día: “No me pertenezco, les pertenezco a ustedes”.

A continuación, el extracto de la entrevista:


- ¿Cómo descubrió su vocación misionera? {jcomments on}

- Soy de la generación de la cual la vocación arranca desde niño. Siempre decía que quería ser misionero porque admiraba a un misionero claretiano que servía en mi tierra. Ordenado sacerdote, pedí a mi superior ser enviado a la misión y estuve tres años en las misiones claretianas de Honduras hasta que me reclamaron para ser formador y profesor de Teología en España.

 

- Y volvió a Honduras para ser obispo…

- En noviembre de 1994 me llamó el nuncio para comunicarme que el Papa me había nombrado obispo de San Pedro Sula, donde no había estado desde hacía 20 años. Así, el 3 de febrero de 1995 me ordené obispo allá. Fue una gran fiesta.

 

 - ¿Cómo es la vida de un misionero y, en su caso, de un obispo misionero?

- El misionero ha de tener un corazón abierto a las necesidades de la gente y pasar mucho tiempo con ella. Misionero es el que sale, el que visita a las personas, a las comunidades. La vida de un obispo misionero es estar con la gente llevando palabras de cariño, de amor. He procurado querer a los hondureños, porque el amor te acerca ellos. De hecho, cuando llegué les dije: “No me pertenezco: les pertenezco a ustedes”. Esto es el misionero.


- ¿Qué supone la labor de la Iglesia para los hondureños?
- Allá es un referente. La población siempre espera una palabra de la Iglesia en los diversos aspectos: social, político, ante la pobreza o la violencia… También espera una palabra cercana de los obispos, incluso personal, y no solo a través de documentos.
“Hondureño en todo”

 

- Honduras vive una situación complicada, sobre todo, si hablamos de pobreza y violencia. ¿Cómo encarnarse en esta realidad?

- Como misionero, estoy en Honduras y soy hondureño. Hondureño en todo. Si el misionero no quiere al pueblo al que sirve, es mejor que se vuelva. No veo separación entre Evangelio, liturgia y caridad social, es una unidad de vida. Que ahora apoyo un proyecto de cooperativa, luego formo a los laicos y más tarde doy una predicación o recibo a un matrimonio en problemas… Es una unidad que he procurado vivir, desde la cercanía y el amor al pueblo de Honduras.

 

- ¿Qué piensa cuando llega a España y escucha hablar de crisis?

- Pues que en Honduras estamos en crisis permanente. No deja de ser preocupante la situación española y, sobre todo, la de los que más sufren, pero en Honduras, el 70% de la población es pobre y el 30% vive en la indigencia. Además, los problemas de violencia son muy graves, pues se producen 20 asesinatos al día. Nuestra situación no tiene comparación. Ante todo esto, no hay que hacerse insensible y convertir el dolor en motor para transformar la realidad. El modo de vida… de gastar, gastar y gastar ha creado situaciones como la que vivimos ahora. Por tanto, el criterio ha de ser cómo vivir para convivir y que todos puedan vivir.

 

- Y si hablamos de misión, hay que hablar de vocaciones, también nativas…

- Las vocaciones nativas son una superprioridad. Cuando llegué a San Pedro Sula me encontré con una realidad dolorosa: solo tenía un sacerdote hondureño. Hoy, una cuarta parte del clero es hondureño. Y, sobre las vocaciones a la misión, tengo que decir que últimamente, cuando pido ayuda a España, las diócesis y las congregaciones me dicen que no, que no hay vocaciones, que la situación es muy crítica. No creo que lo sea tanto y pongo un ejemplo: qué diría usted si Segovia fuera una sola parroquia con dos sacerdotes. Así que les digo que no se quejen, que en otros lugares no hay para tanto. Pido a España que no se cierre, porque al dar, ella también se enriquece.

 

- Ahora que se celebra el Sínodo en Roma, ¿son los misioneros modelo para la nueva evangelización?

- Juan Pablo II empezó hablando de nueva evangelización en Haití y en América Latina. Y ahora veo, sobre todo en los Lineamenta para el Sínodo, que está centrada excesivamente en Europa. Habría que preguntarse qué es la nueva evangelización en otros contextos culturales, porque estas dos palabras resuenan de un modo muy diferente en Asia, África o América Latina.

 

Artículo extraído de la entrevista realizada por: Fran Otero

En el nº 2.820 de Vida Nueva.



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