Evangelización / misión

¿Todos Iguales?

¿Somos todas las personas iguales? Parece que no, porque nuestros rasgos físicos son muy diferentes, unos somos altos, otros bajos, nuestro color de piel es diferente, el contorno de nuestros ojos, en fin, si nos quedamos en lo externo, lo físico, la verdad es que no nos parecemos mucho.

Si realizara la misma pregunta, pero colocando de por medio la fe encontraríamos dos respuestas “Sí o No” y estas repuestas dependen del caminar que tengamos en la Iglesia ya que los que respondan que no dirán: No somos iguales porque dentro de la Iglesia hay diversidad de carismas, de dones, por lo tanto existe la variedad y eso nos hace diferentes. Y la verdad es que ambos puntos de vista están muy bien, pero se han analizado por separado. {jcomments on}

¿Qué pasaría si uniéramos el punto de vista físico y el espiritual, y viéramos todo a través de la figura de Jesús? Por medio de Jesús descubrimos que todos somos iguales sin importar mis rasgos físicos o el carisma que poseo, ya que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26-27) y esto nos dignifica; es igual para todos.

La dignidad de la persona no es diferente, tanta dignidad tiene una persona que trabaja recolectando basura como la que es gerente de un negocio o es dueña de su empresa. Y el cuidar de esa dignidad en el ámbito social es deber y trabajo de la Iglesia en general; es por eso que no podemos dejar aparte la Doctrina Social de la Iglesia. Hay muchos documentos que nos hablan de esta doctrina, pero muchas veces solo nos conformamos con leer dichos documentos, y olvidamos poner en práctica lo que dicen. Seguimos haciendo discriminaciones de toda clase a las persona que nos rodean y esto va sometiendo la dignidad de los demás; hacemos tantas diferencias y se nos olvida que para Dios “Todos somos Iguales” para Él todos tenemos el mismo valor.

Entonces si para Dios es así ¿Por qué para nosotros, que le seguimos, no es así? ¿Por qué no puedo ver a los demás como me veo a mí mismo? ¿Por qué la otra persona puede tener más o menos valor que yo?

Debemos aprender a ver en los demás a Jesús y amar como Él nos ama.

Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse los unos a los otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos con otros. (Jn 13, 34-35)

Debo tratar a los demás  de la misma manera como yo me trato con el mismo valor y con el mismo amor.
Y así ya no nos preguntaremos ¿Todos Iguales? Sino que exclamaremos con alegría y gozo ¡TODOS IGUALES!

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