La Palabra meditada

La Palabra meditada. 23º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo B

San Marcos 7, 31 – 37

Jesús llega a los territorios de Decápolis. Decápolis significa en Griego Deka, diez y Polis, ciudad. Eran diez ciudades al oriente de Israel.

Allí le presentaron a un sordo que hablaba con dificultad y le pidieron que le impusiera las manos. La imposición de manos era considerada como un gesto de bendición, de sanación, y de sanación glorificando a Dios, como nos dice Lc. 13,13 Y le impuso las manos. Y en ese mismo momento ella se enderezó, alabando a Dios. Jesús lo aparto de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.

Son muchas las veces que nuestro Señor nos aparta de situaciones que no comprendemos, pero que él tiene su propósito. Como es el hecho de que nuestra fe, en medio de ciertos ambientes se apaga, es necesario entonces apartarnos para que nos abramos nuevamente a la fe. Si nos fijamos bien nuestro Señor toca dos órganos de nuestro cuerpo que son importantes para mantener viva la fe, el primero es el oído y la palabra nos dice que la fe entra por la escucha de la palabra de Dios, como nos dice Rom. 10,17 Por lo tanto, la fe nace de una predicación, y la predicación se arraiga en la palabra de Cristo. El segundo órgano es la lengua, sólo por nuestra boca es que podemos proclamar a Cristo Jesús como nuestro Señor y Salvador. Por esta razón es que debemos de darle un buen uso a estos dos órganos, porque por nuestros oídos se siembra la semilla de Dios en nuestro corazón, y por nuestra boca sale todo lo que tenemos en el corazón.

Nosotros cuando sólo nos dedicamos a las cosas de este mundo, nos volvemos como tartamudos en las cosas de Dios. No oímos, ni hablamos, el lenguaje espiritual. Por eso nuestro Padre, que conoce nuestras debilidades, nos dice en Is 29,18: Aquel día, los sordos oirán la palabra de un libro, y libres de la sombra y de las tinieblas, los ojos de los ciegos volverán a ver.

Después mirando al cielo, suspiro y dijo: Efetta, que quiere decir ábrete. En seguida se le destaparon los oídos, desapareció el defecto de la lengua y el hombre comenzó hablar correctamente. Jesús mira hacia el cielo, indicando, que la sanación viene de lo alto y que el no actúa por su cuenta, sino que siempre con la venia de nuestro Padre, recordemos que muchas personas que están en las cosas de Dios y se dedican hacer sanaciones, hacen más un show y no como Jesús, que lo hacía con mucha sencillez y humildad, porque su objetivo no era la de sobresalir él, sino más bien la de glorificar a Dios.

Efetta que quiere decir abrir; porque Jesús desea que nos abramos como dice Mc 12,30: Al Señor tu Dios amarás con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con toda tus fuerzas. Y viene este Amarás a tu prójimo como a ti mismo, de esta forma podemos realizar lo que Jesús nos manda , que es el de anunciar su evangelio.

Todo lo ha hecho bien; los sordos oyen y los mudos hablan. Nosotros como cristianos debemos de tratar de hacerlo todo bien, para testificarle a nuestro semejantes cómo actúan los hijos de Dios en Cristo Jesús.

 

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