La Palabra meditada

La Palabra meditada. 26º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo B

San Marcos 9, 37 – 42.44.46-47

El que recibe a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe. Y, el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.

El Señor acoge y quiere que acojamos, a todos aquellos hermanos que no guardan ninguna malicia en su corazón, porque así es como son los niños. El desea que nosotros actuemos de esta forma, él desea que siempre tengamos necesidad de Dios, pues, como adultos, creemos que todo lo sabemos. De esta manera se comportaban los fariseos, que creían saberlo todo, pero su corazón estaba lejos de Dios.

Algo que debe de estar claro en cada cristiano, es que la iglesia de Cristo es un solo cuerpo y él es la cabeza 1Co 12,12, por tanto debemos comprender que hay otros hermanos, que hacen el bien en el nombre del Señor y no debemos de criticarlos o juzgarlos, porque son parte también del cuerpo de Cristo, y al igual que a nosotros ellos recibirán también su recompensa. {jcomments on}

Si alguno hace tropezar y caer a uno de estos pequeños que creen en mi, mejor seria para el que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.

No debemos de ser piedra de tropiezo, para aquellos hermanos que su fe no a crecido, ellos están alimentándose de leche, como nosotros un día lo hicimos, Rom. 14,1 nos dice: Sean comprensivos con los de conciencia mas débil, en vez de criticar sus escrúpulos.

Estas es una de las razones que debemos tomar con mucha seriedad cuando estamos trabajando en las cosas del Señor, debemos de hacerlo con mucha responsabilidad, porque en base a lo que nosotros, les hablemos del conocimiento que tengamos de la palabra y a su vez la testifiquemos en carne propia, así será la fe de los pequeños, de lo contrario podemos hacer que su fe se pierda y el castigo para nosotros es muy fuerte, en Os 4,6 la palabra nos dice: Como tu no te preocupas de enseñar, mi pueblo languidece sin instrucción; por eso yo te echare de mi servicio. Y como tú ya no te acuerdas de mi ley, también yo me olvidare de tus hijos.

No es que el Señor desee que entremos cojo, mancos o tuertos al Reino de los Cielos, lo que nos hace es un llamado para que dejemos de seguir cometiendo los mismos pecados, porque él nos ha llamado a amarlo con todo nuestro ser, por eso nos dice que aspiremos a ser santos como él lo es, pues sin santidad nadie vera al Señor, como nos dice: 1P 1,16 Ustedes serán santos porque Yo lo soy.

Cuando sucede un terremoto, las casas quedan por lo general dañadas, nosotros tenemos que ver cuales son los daños que ocasiono el terremoto en nuestra casa, para empezarla a reparar, no sea que después nos caiga encima, lo mismo sucede en nuestra vida, que tenemos que ver por donde esta entrando el pecado que nos esta causando tanto daño y nos esta arruinando nuestra relación con Dios, tenemos que detenerlo, porque de lo contrario no entraremos en el Reino de los Cielos, a eso vino nuestro Señor a salvarlos del pecado y a restituirnos con nuestro único Dios.

 

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