La Palabra meditada

La Palabra meditada. 30º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo B

San Marcos 10,46 – 52

Jericó esta considerada como la ciudad mas antigua del mundo, se reconoce como ciudad de las palmeras, porque de sus troncos se hacen vinos y perfumes, ciudad que queda en el camino a Jerusalén.

Bartimeo como dice la lectura era un ciego, que se dedicaba a pedir limosna y estaba sentado a la orilla del camino, así como Bartimeo somos muchos, que estamos ciegos en nuestra vida espiritual y nos conformamos con acercarnos de vez en cuando a las cosas de Dios y seguir con nuestra vida normal, de esta forma como podemos pretender ayudar a otros hermanos, si la misma palabra nos dice que un ciego no puede guiar a otro ciego porque los dos se van al abismo y en Mt 23,24 nos dice Jesús: ¡Guías ciegos! Cuelan un mosquito, pero se tragan un camello.

En este milagro de Bartimeo, Podemos aprender muchas cosas, como es el hecho de estar a la orilla del camino, pero a su encuentro personal con Jesús deja la orilla y se pone en el camino, cuantos de nosotros necesitamos de ese encuentro personal con Jesús, para estar en el camino de la salvación, porque como nos dice Jesús en Jn. 14,6 Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí.

Es de mucha importancia para nosotros ver la fe que tiene Bartimeo, que cuando supo que era Jesús, se puso a gritarle en medio de la multitud, ¡Jesús Hijo de David ten compasión de mi! Hasta que nuestro Señor le escucho sus gritos, que maravilloso seria que nosotros en vez de pretender que conocemos al Señor le clamemos que tenga compasión, pero con esa fe que tenia Bartimeo, que no nos importa lo que la gente pueda decir, porque lo importante es que él nos escuche para estar en el camino que nos lleva al Padre.

A Bartimeo no le importo que la gente le dijera que se callara, el con mucha mas fe gritaba, nosotros no debemos temer cuando pasamos por dificultades, porque estas lo que hacen es desmoralizarnos y apagar nuestra fe, por el contrario cuanto mas estamos así mas debemos de aferrarnos y perseverar en el Señor, como nos dice el Sal 23,4 Aunque pase por quebradas muy oscuras, no temo ningún mal, porque tu estas conmigo, tu bastón y tu vara me protegen.

Jesús llama a Bartimeo. Y el arrojando su manto, de un salto se puso de pie y llego hasta Jesús; ese momento de dejar el manto, nos indica que cuando el Señor nos llama, tenemos que dejar cosas, que son las que nos están causando daño y no nos dejan ver las cosas espirituales, a Moisés Dios le dijo

que se quitara las sandalias, Ex 3,5 El respondió: Aquí estoy. Yave le dijo: No te acerques más. Sácate tus sandalias porque el lugar que pisas es tierra sagrada.

Jesús le pregunto: ¿Qué quieres que te haga? El ciego respondió: Maestro que yo vea. Entonces Jesús le dijo: Puedes irte tu fe te ha salvado.

Hay tres formas de ver las enfermedades, las de nacimiento, las normales y las provocadas por el pecado, las tres con mucha fe son sanadas por Jesús.

Por la respuesta que le da Jesús, se nota que la ceguera de Bartimeo era mas por una enfermedad de pecado, porque Jesús no le dice tu fe te ha sanado, sino tu fe te ha salvado.

Son muchas las enfermedades que aparecen, que son provocadas más por nuestros pecados, como el rencor, odio, celos, alcoholismo, adulterio, prostitución, el apego al dinero, etc. Y estas nos apartan del amor de Dios.

Al instante vio y se puso a caminar con Jesús.

A eso vino Jesús al mundo a limpiarnos del pecado, para que nos pongamos junto con el en el camino hacia el Padre y que aprendamos a ser felices; desde ya aquí en la tierra, y esta felicidad se aumenta cada día mas que testificamos nuestra nueva forma de vivir.

 

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