La Palabra meditada

La Palabra meditada. Domingo de la octava de Navidad. Ciclo C.

San Lucas 2,41 – 52

Los Padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y, cuando cumplió doce años, fue también con ellos para cumplir con este precepto.

Como sabemos, la celebración de la fiesta de la Pascua, significaba para el pueblo de Israel la salida y liberación de la esclavitud de los egipcios. La llegada de Jesús a los doce años es como un presagio de la nueva alianza de Dios con los hombres,

porque precisamente durante esta fiesta, es cuando Jesús entrega su vida en rescate de una muchedumbre.

 

El numero doce en la biblia significa elección, como lo son las doce tribus de Israel, los doce apóstoles etc. y esto nos hace ver que al llegar Jesús a Jerusalén a los doce años, nos esta indicando que él es el elegido, como nos lo dice Mc 1,11 Y del Cielo llegaron estas palabras: Tu eres mi Hijo, el Amado; tu eres mi Elegido.

Esto es muy interesante, porque recordemos que no somos nosotros los que buscamos a Dios, sino que él nos busca, como lo dice Ap. 3,20 Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entrare a su casa a comer, Yo con el y el conmigo. Es decir que si estamos en las cosas de Dios es porque él nos a elegido para cumplir con un propósito para las cosas de su reino, por eso como cristianos debemos de preocuparnos cada día para saber, que dones nos a dado el Señor atravez de su Santo Espíritu para ponerlos a su servicio.

Después de tres días lo hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Ya desde esa edad Jesús se esta dando cuenta de su forma de enseñar, por lo que ya tenia un conocimiento de ellos y años después él les dice en Mt 23,2 Los maestros de la ley y los fariseos se hacen cargo de la doctrina de Moisés. Hagan y cumplan todo lo que les dicen, pero no los imiten, ya que ellos enseñan y no cumplen.

Como verdaderos cristianos nos toca enseñar y cumplir, porque de nuestro testimonio en Cristo, dependerá si acercamos o alejamos a nuestros hermanos a Dios. Dios Padre nos conoce bien y el no desea que seamos hipócritas, como lo eran los maestros de la ley y los fariseos, por eso él nos dice en el Ap.4,15-16 Yo se lo que vales: no eres ni frio ni caliente; ojala fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio, ni frio ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca.

Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.

Ya desde los doce años el Espíritu de Dios le daba a Jesús la sabiduría, para poder entender las cosas buenas y malas y que tenia que ir madurándolas, para cuando le llegara el momento de enfrentarlas.

Él les contesto: ¿Y porque me buscaban? ¿No saben que tengo que estar donde mi Padre?

Ya desde esa edad Jesús reconoce que su venida a este mundo es para hacer la voluntad de Dios y que estaba llamado a amarle con todo su corazón, con toda su alma, con toda su inteligencia y con todas sus fuerzas.

Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente en su corazón todos estos recuerdos.

Jesús vivió obedeciéndoles es decir que cumplió con el mandamiento de horrar a su padre y a su madre, su madre por su parte guardaba fielmente cada detalle de la vida de Jesús, porque María confiaba en Dios y el que confía ama, por tanto ella, todo lo disculpaba, todo lo creía, todo lo esperaba y todo lo soportaba en su corazón.

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