La Palabra meditada

La Palabra meditada. Bautismo de Jesús. 2ª Semana de Navidad. Ciclo C.

San Lucas 3,15-16.21-22

Juan el Bautista predicaba para el arrepentimiento de los pecados y luego los bautizaba en agua, para tener una nueva vida y estar limpios ante la venida del mesías, y decía, el los bautizara en el Espíritu Santo y el Fuego.

El bautismo en el Espíritu Santo es un nuevo nacer, pero a las cosas de arriba, como se lo dijo Jesús a Nicodemo en Jn. 3,5 En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.

  Y el verso siete dice: Por eso no te extrañes de que te haya dicho: necesitas nacer de nuevo, de arriba.

 

Es decir solo con el bautismo en el Espíritu es que podemos ser salvados, como lo dice Mc 16,16 El que crea y se bautice se salvara. El que se resiste a creer se condenara. {jcomments on}

El bautismo de Juan es diferente al bautismo de Jesús y es que con el primero solo se preparaba a las personas ante la venida de Cristo, pero con el Bautismo que nos trae Jesús, pasamos a ser hijos adoptivos de Dios y participamos de su herencia, como lo dice Rom. 8 16-17 El mismo Espíritu le asegura a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos. Nuestra será la herencia de Dios y la compartiremos con Cristo; pues si ahora sufrimos con él, con el recibiremos la gloria.

Pero la lectura nos dice que seremos también bautizados en el fuego, es decir que nuestra fe será puesta a prueba, el Fuego simboliza como el juicio de Dios con los hombres, ya que el fuego es purificador como nos lo dice 1P 1,7 su fe saldrá de ahí probada, como el oro que pasa por el fuego. En realidad el oro a de desaparecer; en cambio la fe, que vale mucho más, no se perderá hasta el día en que se nos revele Cristo Jesús: entonces será motivo de alabanza, de gloria y de honor para Dios.

Y también el fuego es consumidor, como nos lo dice Heb 10,27 Solamente queda la perspectiva tremenda del juicio y del castigo de fuego que devora a los rebeldes.

Jesús también se bautizó en el rio Jordán por Juan el Bautista para dar el ejemplo, aunque sabemos que en el no existía pecado alguno.

El Espíritu Santo bajo sobre él y se manifestó exteriormente con una aparición como de paloma. Y del cielo llego una voz: Tú eres mi Hijo, el Amado; tú eres mi Elegido.

Jesús es el Hijo Amado del Padre, recordemos que todo fue creado por él y todo tiene vida en él, cómo nos dice Jn. 1,2-4 El que estaba frente a Dios al

principio. Por Él se hizo todo y nada llego a ser sin Él. Lo que llego a ser. Tiene vida en El, y para los hombres esta vida es luz.

Y Jesús es el Hijo Elegido, porque Jesús dijo si al Padre a pesar de ser el hijo amado, el primogénito, el en su amor, obediencia y misericordia entrego su vida muriendo en una Cruz por cada uno de nosotros.

Desde el momento que hemos creído en el y hemos sido bautizados, ahora debemos de imitarle y hacer todo lo posible para anunciar estas Buena Nueva del Reino, y este es un mandato el de hacer discípulos y bautizarlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Debemos de dejar nuestra comodidad, y de pensar en nuestras prioridades y comenzar a pensar en las prioridades de otros hogares que no tienen la luz de Cristo, así como otros dejaron sus cosas por venir hablarnos de las buenas Nuevas en momentos muy difíciles.

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