La Palabra meditada

2º Domingo de Pascua. Ciclo C.

San Juan 20,19 – 31

La tarde de ese mismo día, el primero de la semana, los discípulos estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se hizo presente allí, de pie en medio de ellos.

Cuando estamos encerrados en nosotros mismos por miedo, nos salimos del contexto de que Dios es amor, el miedo es una de las herramientas del mal, para que perdamos la confianza en Dios, que tiene un plan trazado para nuestra vida,

porque con él miedo, toda esperanza se desvanece, recordemos lo que nos dice 1Jn. 5,18 En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera al temor, pues el temor mira al castigo, mientras uno teme no conoce el amor perfecto. {jcomments on}

 

Con el miedo la fe se pierde y la fe, es sin duda el mayor motivo del cristiano para mantener viva la esperanza, por eso en Ef. 6,16 la palabra nos dice: que tengan siempre en la mano el escudo de la Fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio.

Dios nos ha enviado a este mundo, para estar encerrados, sino para ser libres, por eso su palabra dice: en 2Tin 1,7 Porque Dios no nos dio un espíritu de timidez, sino un espíritu de fortaleza, de amor y de buen juicio.

Les dijo: La paz sea con ustedes. Después de saludarlos así, les mostro las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor.

Jesús resucitado les da a sus discípulos la paz y les muestra sus heridas y ellos se llenan de gozo al verlo y es que cuando tenemos miedo, solo viendo a Jesús, recuperamos esa seguridad, esa confianza que necesitamos, porque la paz que nos da el Señor, no es como la paz que nos da este mundo, la paz del Señor es una paz espiritual, que nos hace volver a nuestra cordura y retomar la autoridad sobre nuestra alma y cuerpo que son nuestra debilidad.

Él les volvió a decir: La paz este con ustedes. Así como el Padre me envió a mí, así los envió a ustedes. Dicho esto, soplo sobre ellos: Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados.

Jesús resucitado, nos confiere como discípulos suyos tres cosas muy importantes que él, las tenía para cumplir su misión aquí en la tierra, la primera es el envió, que es el anuncio de las buenas nuevas de Dios, Mc 1,14 la segunda, es que no podemos llevar acabo esta misión, sino vamos con el poder y la fuerza del Espíritu Santo, pues él es nuestro intercesor como nos dice: Jn.16,7 En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el intercesor no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo mandare.

El Espíritu de Dios, es también nuestro guía, como nos dice: Rom. 8,14 Pues todos aquellos a quienes guía el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

Y la tercera es el perdonar, nuestro Señor lo hizo en la cruz del calvario; cuando dijo: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen, por eso todo el que se diga ser cristiano está llamado a perdonar y a fomentar el perdón, Col 4,13 nos dice: Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdono a su vez hagan lo mismo.

Recordemos que el perdón se alcanza, cuando reconocemos nuestros pecados, como lo hizo el hijo prodigo cuando dijo: Padre e pecado contra Dios y contra ti ya no merezco llamarme hijo tuyo.

Tomas se alejó de la comunidad del Señor, después de haber conocido y convivido con él, pero cuando miro sus manos y palpo su costado dijo: Tú eres mi Señor y mi Dios. Jesús le dijo: Tú crees porque has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!

¿ A quien miramos cuando vamos al templo de Dios? No nos alejemos de la iglesia por las personas, miremos a Cristo que es quien la dirige, que es la cabeza y nosotros su cuerpo, de lo contrario nos enfriaremos y quienes perdemos somos nosotros.

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