La Palabra meditada

3º Domingo de Pascua. Ciclo C.

San Juan 21,1 – 19

Después de esto, nuevamente Jesús se hizo presente a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberiades.

Jesús le hizo esta promesa a sus discípulos, que se les manifestaría después de su resurrección, como lo dice en Mt 26,32. Pero después de mi resurrección, iré delante de ustedes a Galilea.

Jesús se les manifiesta a sus discípulos porque todavía tiene instrucciones que darles antes de su partida.

El se manifiesta en nuestra vida cuando nos hemos arrepentido y reconocemos que el murió y resucitó por cada uno de nosotros.Sólo permaneciendo en él es que podemos descubrir de qué forma podemos ser útiles en las cosas de su Reino. {jcomments on}

 

Es de mucha importancia ver como los discípulos se mantenían unidos y en un mismo sentir, pero parece que a Pedro que es como el líder, se le olvido la promesa que Jesús le había hecho, que lo haría pescador de hombres, porque es precisamente el quien dice vamos a pescar y los demás lo siguieron.

A medida que vamos conociendo a nuestro Señor, nos vamos enamorando cada vez más de él y por consiguiente nuestra vida va cambiando, por lo tanto no podemos ya afanarnos tanto por las cosas del mundo, como si no lo hayamos conocido, por el contrario es cuando más debemos de testificar su presencia en nosotros y vivir en comunidad, con un mismo amor y sentir.

Entonces Jesús les dijo: Echen las redes a la derecha y encontraran pesca.

Los discípulos ya habían pasado toda la noche intentando, pero no habían pescado nada, esto nos demuestra que cuando hagamos algo, debemos hacerlo en el nombre del Señor, y si es su voluntad todo saldrá bien, como nos dice Ef. 6,7-8 Hagan su trabajo con empeño, por el Señor y no por los hombres, sabiendo que el Señor dará a cada uno según el bien que haya hecho, ya sea siervo, ya libre.

Los discípulos, sin tomar en cuenta que era Jesús, obedecieron y echaron las redes a la derecha y las redes se llenaron de peces, fue cuando Juan se dio cuenta que era el Señor y se lo dijo a Pedro, esta intuición le viene a Juan, por lo que había ocurrido anteriormente, en la pesca milagrosa, Lc. 5,4-5 es Juan el primero de los discípulos en reconocer, que él que estaba a la orilla del rio era Jesús, porque fue el primero al que se le abrió el velo de los ojos, por su fidelidad en todo momento hacia nuestro Señor y el primero en reconocer que había resucitado, de aquí la gran importancia que debe tener cada

cristiano en obedecer, ser fiel y reconocer a Jesús en todo momento de nuestras vidas.

Nuestro Señor le hace tres preguntas Simón (Pedro), para reconfirmarlo como la nueva piedra en que Jesús fundara su iglesia, la primera pregunta se refiere a apacentar a los corderos, se refiere a que Simón (Pedro) recibe el llamado de cuidar a los más débiles de la iglesia del Señor, porque el cordero es más débil que la oveja, que es a lo primero que vino el Señor a cuidar a los más débiles, a los más pobres e indefensos, la segunda y tercera preguntas es el llamado a cuidar y apacentar sus ovejas, es decir dirigir, y velar en todo tiempo por la nueva iglesia fundada con la sangre preciosa de nuestro Señor.

Con las respuestas que Simón le da a nuestro Señor, el Señor ve el grado de madurez espiritual que ha alcanzado, ya no lo ve como el Simón corajudo y tenaz, lo ve como un hombre que por fin se rinde ante el Señor y que lo reconoce como el que lo sabe todo, pues cuando el Señor le dijo que lo negaría él dijo que nunca, Mt 26,35 Pedro le dijo: Aunque tenga que morir, no renegare de ti.

Este es el ejemplo de madurez espiritual que nosotros como iglesia debemos alcanzar, para que nuestro Señor delegue en nosotros responsabilidades, para esto no debemos de renegar en medio de las pruebas, ya que ellas nos llevan a un mayor crecimiento espiritual y nuestra fe se vuelve más sólida.

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