La Palabra meditada

5º Domingo de Pascua. Ciclo C.

San Juan 13,31-33.34-35

Cuando Judas salió, Jesús dijo: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. La traición se había consumado y había llegado el momento en que nuestro Señor debía de padecer y morir en la cruz, por los pecados de la humanidad.

La palabra traición significa no serle fiel a una persona, es decir que cada vez que nosotros no hacemos lo que Jesús nos manda en su palabra le estamos siendo infieles, no somos firmes a su voluntad. {jcomments on}

 

Glorificar significa: Alabar, adorar, engrandecer, magnificar, honrar, exaltar.

 

Sabiendo lo que significa glorificar, solo nuestro Señor es digno de merecerlo y de nosotros proclamar su gloria, porque solo el en su amor infinito pudo cargar con todos nuestros pecados, el Ap. 5,2-3 nos dice: En ese mismo momento un ángel poderoso exclamo a toda voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y romper el sello? Y no se encontró a nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de ella (entre los muertos) que fuera capaz de abrir el libro y leerlo. Y el verso cinco nos dice: No llores más, mira ha vencido el León de la tribu de Judá, el brote de David; el abrirá el libro de los siete sellos.

Si Jesús recibe la gloria, cada vez que lo hacemos con él lo hacemos con Dios Padre, porque como él lo dijo: Yo y mi Padres somos una misma cosa.

Y si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificara, ¡y pronto lo glorificara!

Por esto el Ap. 5,11-12 nos dice: Yo seguía mirando; se oía el clamor de una multitud de ángeles reunidos alrededor del trono, de los Vivientes y de los ancianos. Se contaban por millones y millones, que gritaban a toda voz; Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza.

Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Ustedes me van a buscar… Les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ustedes no pueden ir donde yo voy.

Nuestro Señor les decía esto a sus discípulos, porque había llegado la hora y él sabía que en ese momento, ninguno lo buscaría, y nadie siendo justo como lo era el, podía dejarse morir en una cruz por los demás, por eso él nos dice en Mc 8,34-35 Luego llamo no solamente a sus discípulos, sino que a toda la

gente y les dijo: Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues quien quiera asegurar su vida la perderá; y quien sacrifique su vida por mí y por el evangelio, se salvara.

El estar metidos en nuestro propio ego y apegados a las cosas de este mundo, nos impide cada día caminar hacia Jesús, por eso se nos hace muy difícil ese nacer de nuevo, pero en Espíritu y en Verdad.

Les doy este mandamiento nuevo; que se amen unos a otros. Ustedes se amaran unos a otros como yo lo he amado.

El amor verdadero resulta de una verdadera conversión, solo así podemos cumplir con este regalo que nos da nuestro Señor, de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, si como ramas estamos injertados a esa vid verdadera que es Cristo Jesús, por nosotros corre su sábila que es el espíritu de Dios que nos da toda la fuerza y el poder para lograr, lo que el Señor mas desea, no nos cabe decir esto me es imposible, como dice su palabra en 1 Jn. 4,7-8 Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor.

Este nuevo mandamiento que Jesús nos regala, es a su vez como un requisito para que les testifiquemos a todos con nuestro amor, que somos discípulos del Señor, para quien es toda la honra y la gloria por los siglos de los siglos.

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