La Palabra meditada

7º Domingo de Pascua. Ciclo C.

San Lucas 24,46 – 53

Eso estaba escrito: los sufrimientos de Cristo, su resurrección de entre los muertos al tercer día.

Jesús les hablaba de todo lo que estaba escrito, su padecimiento y su resurrección, esto nos lo dice Is 53,11 Después de la amargura que haya padecido, su alma verá la luz y será colmado, por su conocimiento, mi siervo justificara a muchos y cargará con todas sus culpas.

 

Pero nuestro Señor no desea que nos quedemos con su padecimiento y su resurrección, el desea que ahora nosotros seamos sus nuevos discípulos y empecemos a sembrar su palabra a otros hermanos que la necesitan. {jcomments on}

Y la predicación que ha de hacerse en su Nombre a todas las naciones comenzando por Jerusalén.

Los discípulos hicieron como Jesús se los había dicho, y es el hecho de primero comenzar por Jerusalén es decir por su Patria, su casa.

Nosotros debemos de predicar en el Nombre de Jesús, pero al igual que los discípulos debemos de comenzar primero con nuestro testimonio de conversión en la familia, en He 16,31 Ellos le respondieron: Ten fe en el Señor Jesús y te salvaras tú y tu familia. Y le anunciaron la palabra del Señor a él y a todos los de su casa.

Invitándoles a que se conviertan y sean perdonados de sus pecados. Y ustedes son testigos de todo esto.

Los discípulos habían sido testigos de todos los prodigios y milagros que nuestro Señor había realizado, así como de muchas personas que lo habían dejado todo por seguirlo, entre ellos tenemos la conversión de Zaqueo y Nicodemo, nosotros debemos de tener bien claro cuál es el camino a la conversión y esto lo encontramos en Ef.4 22-24 El primer paso es el de despojarse del hombre viejo, es decir el hombre que anda sucio de pecados y de los deseos que nos ofrece el mundo, el segundo paso es que la mente se haga más espiritual, porque con una mente espiritual podemos tener autoridad sobre nuestro cuerpo carnal y débil, para eso Dios nos da un espíritu de fortaleza, de amor y de buen juicio, y el tercer paso es revestirse del hombre nuevo, que significa el tratar cada día de ser justo, porque solo siendo justos podemos ser verdaderos y este es el camino hacia la santidad y como sabemos la palabra nos dice que sin santidad nadie vera al Señor.

Ahora yo voy a enviar sobre ustedes al que mi Padre prometió. Por eso quédense en la ciudad hasta que hayan sido revestidos de la fuerza que viene de arriba.

Cundo los discípulos recibieron esa fuerza que viene de lo alto, su vidas dejaron de titubear, pues con el Espíritu Santo los discípulos entendieron la verdad completa, como lo dice en Jn. 16,13 Y cuando venga, el Espíritu de Verdad, los introducirá a la verdad total.

Con esta fuerza de lo alto los discípulos empezaron a realizar cosas que nunca antes habían realizados, era tanta esa fuerza que Pedro hasta con su sombra por donde pasaba sanaba enfermos, He 3,15

Todos los que hemos sido bautizados y hemos nacido de nuevo, también tenemos esa fuerza que viene de lo alto, pero para ejercerla tenemos que tener nuestra mirada en las cosa de arriba y no en este mundo, nuestra fe tiene que estar sedimentada sobre la roca que es Cristo Jesús, pues el, junto con el Padre moran en nosotros atravez del Espíritu Santo, como nos dice 1Co 3,16 ¿No saben ustedes que son templos de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?

Ahora como los discípulos podemos decir que estamos conociendo esa verdad total y que nos hace brillar y movernos para que se conozcan esas Buenas Nuevas del Reino de los Cielos, porque el espíritu de Dios nos va dando esa Sabiduría, para tener estrategias para anunciar la palabra en nuestros tiempos.

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