La Palabra meditada

La Palabra meditada. 9ª Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C.

San Lucas 9,11- 17

Los apóstoles venían de su primer envío y Jesús quería irse a un lugar apartado con ellos para reposar, pero la gente lo seguía y Jesús los acogió. Les habló del Reino de Dios e hizo sanaciones, porque El para eso había de venir. Nosotros, nos dice Mt 28,19-20, ya hemos recibido ese envío, pero en vez de hacer la voluntad de Dios, acomodamos las cosas de Dios de acuerdo a nuestra conveniencia. Este es el producto de una conversión acomodada.

Nuestro arrepentimiento no es sincero. i no hay verdadera conversión, no habrá verdadera entrega hacia los demás. La palabra nos dice en Lc. 16,2: "Les digo: hay mucho que cosechar, pero los obreros son pocos; por eso ruego al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha".

 

El día comenzaba a declinar. Los doce se acercaron para decirle. Despide a la gente. Que vayan a las aldeas y pueblecitos de los alrededores en busca de alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario. {jcomments on}

Los discípulos estaban más preocupados por la gente, que por entender, que estaban con aquel que todo es posible, igual nos pasa a nosotros cuando enfrentamos problemas de diferente índole, se nos olvida que Dios es más grande que cualquier problema y es cuando debemos estar más firmes en la fe que depositamos en él.

Jesús les contesto: denles ustedes mismo de comer. Ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que fuéramos nosotros mismos a comprar alimentos para todo este gentío.

Jesús no les pedía que fueran a comprar alimentos, Jesús quería que ellos pusieran algo de su parte y el haría la otra parte, porque los milagros ocurren, cuando Dios ve en nosotros iniciativas, cuando nos ve que damos hasta donde nos duele, como nos dice Lc. 21,3-4 Y dijo Jesús: Créanme que esta pobre viuda deposito más que todos ellos. Porque todos dan a Dios de lo que les sobra. Ella, en cambio, tan indigente, echo todo lo que tenía para vivir.

Porque habían unos cinco mil hombres, pero Jesús dijo a sus discípulos: Háganlos sentarse de grupos de cincuenta. Así hicieron los discípulos y todos se sentaron.

Los discípulos no entendían lo que Jesús iba a hacer, pero ellos en obediencia hicieron todo cuanto él les pidió, esto nos pasa en nuestro diario vivir, nuestro Señor quiere realizar cosas maravillosas en nuestras vidas y en el de nuestras familias, pero sucede que en primer lugar no oímos, porque nuestros oídos están más en las cosas del mundo que en las cosas

espirituales y en segundo lugar no somos muy dados a tener el habito de leer las escrituras, si lo hiciéramos escucharíamos la voz de Dios, le obedeceríamos, nos daríamos cuenta del amor tan grande que él nos tiene, en la medida que nos empapamos de su palabra, nuestra fe se acrecienta y nos sentimos fortalecidos por esa gracia que nos da.

Jesús entonces tomo los cinco panes y los dos pescados, levanto los ojos al cielo, dijo la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente.

Jesús da gracias por los alimento y los bendice, este es un anticipo de lo que llegaría hacer la instauración de la cena del Señor, que es la alianza nueva y definitiva mediante la cual nos reconciliamos con Dios, y por la gracia de Cristo Jesús seremos saciados de todo su amor.

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