La Palabra meditada

La Palabra meditada. 15ª Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C.

San Lucas 10,25 – 37

Se levantó un maestro de la ley, y para ponerlo en apuros le dijo: Maestro ¿Qué debo de hacer para conseguir la vida eterna?

Muchas veces nosotros cuando estamos angustiados o necesitamos de algo, y estamos en oración con nuestro Padre, le decimos cosas que no son coherentes, hacemos oraciones muy egoístas y egocéntricas, dejémonos de comportar como adultos delante del Señor y actuemos como niños, pues la palabra nos dice Mt 18,3 Les aseguro que si no cambian y vuelven hacer como niños, no podrán entrar al Reino de los Cielos.

La palabra nos dice que debemos de pedirle en oración y todo lo que pidamos él nos lo concederá, pero también nos dice en la oración del Padre Nuestro, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo, recordemos que el tiempo de Dios no es nuestro tiempo, y en 2P 3,8 nos dice: Hay un punto, hermanos, que no deben de ignorar y es que delante del Señor un día es como mil años, y mil años son como un día. {jcomments on}

Jesús le contesto: ¿Qué dice la Biblia, que lees en ella? Contesto: Amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con todo tu Espíritu y a tu prójimo como a ti mismo.

Debemos de meditar si es de esta manera como amamos al Señor nuestro Dios, él nos pide un amor completo y no a medias, porque el que ama a medias, tiene un amor tibio, es decir como si amara a dos dioses a la vez y el Señor nuestro Dios aborrece a los tibios, en Ap. 3,15-16 nos dice: Yo sé lo que vales: no eres frio ni caliente; ojala fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio, ni frio ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca.

Pero él quiso dar el motivo de su pregunta y dijo a Jesús ¿Quién es mi prójimo?

Sin temor a equivocarme creo que la mayoría conocemos la parábola del buen samaritano y lo que nos da a entender es que un buen samaritano, significa una persona generosa y dispuesta a ofrecerse ayudar aquellos que lo necesiten, y también nos da a entender de personas que dicen andar con Dios, pero que no se les nota, por eso nuestro Señor nos dice en Mt 23,27-28 ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos hipócritas! Pues ustedes son semejantes a sepulcros bien pintados que tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre. Ustedes también aparecen exteriormente como hombres religiosos, pero en su interior están llenos de toda hipocresía y maldad.

La pregunta que el maestro de la ley hizo es ¿Quién es mi prójimo? Y la respuesta de nuestro Señor es ¿Cuál de estos tres se portó como prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?

La palabra prójimo es sinónimo de próximo, cercano, en base a esta pregunta y a esta respuesta comprendemos que nuestro prójimo es Jesús, porque es quien se compadeció de nosotros, para salvarnos de la esclavitud del pecado en que vivíamos y nos reconcilio con Dios, su entrega fue total, por eso nos dice la palabra ama a tu prójimo como a ti mismo, es decir así como se ama Jesús así mismo, así nos ama a cada uno de nosotros, con un amor incondicional y para toda la eternidad.

La pregunta es ¿de quién estamos siendo prójimos nosotros en este momento, de quien nos estamos compadeciendo?

Pues si decimos que somos cristianos debemos de comportarnos a semejanza de nuestro Señor Jesucristo, de amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos, de ser misericordiosos y compasivos, con aquellos que han sido golpeados y maltratados en el camino, sin distinción de ninguna naturaleza.

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