La Palabra meditada

La Palabra meditada. 24ª Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C.

 

San Lucas 15,1 – 32

Los fariseos pues con los maestros de la ley murmuraban y criticaban: este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.
Es bueno entender que nuestro Señor no vino a este mundo por los sabios y entendidos, vino por los despreciados e indignos, vino por los que reconocen que están viviendo en pecado y saben que a Dios no le agrada el pecado que llevan dentro y necesitan cambiar su vida.

Los fariseos de hoy en día siguen este mismo caminar, que sus antecesores, en ellos nunca hay alegría, porque se mantienen ocupados viendo la pelusa del ojo del hermano y no miran la viga que tienen en el suyo, y a los que actúan de esta manera nuestro Señor los llamaba hipócritas, Mt 7,5
En las tres parábolas que Jesús nos narra a continuación, al final tienen un mismo sentir, y es que hay alegría en el cielo por el pecador arrepentido, pues para nuestro Padre somos tan especiales, que desde que nos creó ha hecho todo, para que busquemos el camino de regreso hacia él.

 

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Si uno de ustedes  pierde una oveja de las cien que tiene ¿no deja las otras noventa y nueve en el campo para ir en busca de la que se perdió, hasta encontrarla?
A nosotros que ahora, sabemos que estamos en la gracia de Dios, como que se nos olvida que un día fuimos como esta oveja que se perdió, sabemos muy bien que Dios lo que más desea es rescatar almas perdidas, porque todos somos parte de él, necesitamos trabajar en sus cosas, levantémonos y empecemos por el rescate de tantos hermanos que andan en ese mundo de oscuridad y tinieblas, recordemos que Jesús nos dice en Jn.10,16  Tengo otras ovejas que no son de este corral. A ellas también las llamare y oirán mi voz; y habrá un solo rebaño como hay un solo pastor. Tratemos de testificarles todo lo que Jesús ha hecho en nuestra vida y como fuimos rescatados, para la honra y gloria de Dios Padre.

Cuando una mujer pierde una moneda de las diez que tiene, ¿no enciende una luz, no barre la casa y la busca cuidadosamente hasta hallarla.
Lo que el señor nos trata de decir en esta parábola es el de buscar por todos los medios a los hermanos que están perdidos y ayudarles a que se arrepientan y él no nos está pidiendo multitudes pues como dice la lectura hay gozo en el cielo por un solo pecador que cambie su corazón y su vida, esto no lo deberíamos de hacer como una obligación, sino por amor, pues fue por amor que Cristo vino a entregar su vida por nosotros a este mundo para hacer la voluntad del Padre, Mc 14,36 nos dice: Abba, o sea, Padre; para ti todo es posible; aparta de mi esta copa. Pero no: no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.
Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: Padre, dame la parte de la propiedad que me corresponde. Y el padre la repartió entre ellos.

En esta parábola los dos hijos están en pecado, con la diferencia que el hijo menor, se arrepiente y vuelve de regreso a pedir perdón a Dios y a su padre, en cambio el mayor ni siquiera se da cuenta que está en pecado. Cuantos de nosotros creemos que por que andamos en la iglesia, ya estamos limpios o que no cometemos errores, como pasa con los fariseos y los maestros de la ley que murmuraban y criticaban a Jesús porque comía con pecadores, esta parábola es para nosotros que estamos en la iglesia, para que comprobemos si en nosotros ha existido una verdadera conversión y si estamos actuamos con mucha humildad, obediencia y haciendo la voluntad del Señor.
Cuidado y por confiados, no nos vaya a pasar lo que nos dice Lc. 7,26-27 Entonces ustedes comenzaran a decir: Nosotros comimos y bebimos contigo, tú enseñaste en nuestra plaza. Pero el contesto: No sé de donde son ustedes. ¡Aléjense de mí todos los malhechores!

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