La Palabra meditada

La Palabra meditada. 28ª Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C.

 

San Lucas 17,11 – 19

Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro. Se quedaron a cierta distancia y gritaron: Jesús. Maestro, ten compasión de nosotros.
La mayoría le pedimos a Jesús que se apiade de nosotros, pero por lo general lo hacemos cuando estamos pasando por problemas de cualquier índole, pero cuando estamos bien a muchos se nos olvida que también tenemos enfermedades espirituales y son las que más daño nos hacen, ante esto Jesús nos dice en Mt 18,8-9 Si tu mano o tu pie te arrastran al pecado, córtatelo y tíralo lejos; pues es mejor para ti entrar a la Vida manco o cojo, que ser echado al fuego eterno con tus dos manos y tus dos pies.

 

Debemos de estar pidiendo al Señor que se apiade de nosotros en todo momento, pues siempre pecamos de palabra, obra y omisión.
Jesús les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes.
Los diez leprosos, tenían dos cosas muy importantes que debemos de tener si de verdad creemos en Cristo como nuestro Señor y Salvador, la primera es la  obediencia, esta es sinónimo de humildad y el que es humilde hace la voluntad de Dios, como nos dice Fil 2,8-11  Se humillo y fue obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que esta sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen, en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para la gloria de Dios Padre.

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La segunda es la fe, que como nos dice Heb 11,1 La fe es la manera de tener lo que esperamos, el medio para conocer lo que no vemos.

Mientras iban quedaron sanos. Uno de ellos al verse sano, volvió de inmediato. Llego alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra le daba gracias. Este era samaritano. No es que los otros leprosos hayan hecho mal al no regresar a Jesús, pues el mismo Jesús les dijo que se presentaran ante los sacerdotes, para que se cumpliera el rito de la purificación, el hecho es que este samaritano se olvidó de su religión, para hacer lo que su corazón le decía, y esta era la gratitud.
Nosotros que seguimos a Jesús debemos de agradecerle a cada instante, por todas las bendiciones que realiza en nuestras vidas, 1Tes 5,18 nos dice: Y en toda ocasión den gracias a Dios: Esta es, por voluntad de Dios, vuestra vocación de cristianos. Recordemos siempre que si nuestro Señor no nos concede lo que le pedimos, es porque no es el momento, el más que nadie conoce nuestras prioridades y sobre ellas es que va a trabajar en nuestras vidas, mientras tanto mantengámonos fieles y firmes en la fe, como nos dice Heb10,23 Sigamos profesando nuestra esperanza sin que nada nos pueda conmover, ya que es digno de confianza Aquel que se comprometió.En seguida dijo al hombre: Levántate y vete: tu fe te ha salvado.

Aprendamos pues, de este samaritano y mostremos signos de gratitud,  postrémonos y honremos a nuestro Señor que es digno de todo mérito, él nos llama a levantarnos y a movernos de donde hemos estado, pues ha puesto frente a nosotros una nueva vida, para que desde ya seamos felices aquí en la tierra, como lo seremos algún día en el cielo, por la fe que hemos depositado en él.

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