La Palabra meditada

La Palabra meditada. 34ª Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C.

 

San Lucas 23,35 – 43

La gente estaba ahí mirando:
Así como la gente miraba la injusticia que hacían con nuestro Señor, aun hoy en día, muchos solo miramos las injusticias que se cometen con muchas personas, especialmente con los más desprotegidos y no hacemos nada por temor, los que estamos en la iglesia estamos llamados a hablar con la verdad y protestar contra toda clase de injusticias.

Los jefes por su parte, se burlaban diciendo: Ya que salvo a otros, que se salve a sí mismo, para ver si es el Cristo de Dios, el elegido.
Nuestro Señor ya había hechos muchos milagros y prodigios enfrente de los jefes y autoridades de ese tiempo, pero aun así no lo reconocían como el Cristo de Dios el elegido, nuestro Señor Jesús ya sabía todo lo que sucedería con él desde que estuvo en el Getsemaní y todo lo dejo a la voluntad de Dios.
Jesús es el elegido de Dios, en Mt 3,17 nos lo confirma: Y se oyó una voz celestial que decía: Este es mi Hijo, el Amado; este es mi Elegido.

 

{jcomments on}Nosotros también fuimos elegidos como hijos de Dios en Cristo Jesús,  debemos de dar gracias a Dios en todo tiempo, sean estos buenos o malos, porque nos sometemos a hacer su voluntad y a la larga todo es para bien pues con Cristo Jesús somos más que vencedores.Le dijeron: Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: Este es el rey de los judíos.Jesús es el primogénito de Dios y no solo es rey de los judíos, sino que es el rey de toda la tierra, pues para él fue creado todo, Ap.1,5 nos dice: Y de parte de Cristo Jesús, el testigo fiel, el primer nacido de entre los muertos, el rey de los reyes de la tierra, el que nos ama.

Escribir o decir que Cristo es mi rey es fácil, la cuestión es sentirlo realmente como el rey de nuestra vida, porque si es así debemos de obedecerle, como cuando nos dice: el que quiera seguirme que se niegue así mismo que cargue con su cruz y me siga, para entrar en su Reino, debemos de nacer de nuevo pero de arriba, tenemos que dejar los deseos de la carne y empezar a seguir los deseos del espíritu.Como nuestro rey debemos postrarnos ante él, Fil 2,9-11 nos dice: Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre  que esta sobre todo nombre, para que ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen, en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Pero el otro respondió, diciéndole: ¿No temes a Dios, tu que estas en el mismo suplicio?El temor a Dios no es tenerle miedo, el temor a Dios es honrarlo y glorificarlo reconocerlo como nuestro creador y saber que somos sus hijos, nos ama y desea lo mejor para nosotros, por eso cuando el permite que pasemos por una prueba, no reneguemos, ni le echemos culpas, porque de esa prueba saldrá una victoria para nuestra vida.

Es de hombres reconocer nuestras culpas, nosotros sabemos bien las cosas que a Dios no le agradan, seamos pues como el publicano que nos dice Lc. 18,13 El publicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío ten piedad de mí que soy un pecador.

Y añadió: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
Abramos verdaderamente nuestro corazón al Señor y con mucha humildad, digámosle que no se aparte nunca de nosotros, porque siempre deseamos estar con él, pues es lo mejor que nos ha pasado y que nos haya encontrado.

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