La Palabra meditada

La Palabra meditada 8º domingo tiempo ordinario. Ciclo A

 

San Mateo 6, 24 – 34

Ningún servidor puede quedarse con dos patrones, porque vera con malos ojos al primero y amara al otro, o bien preferirá al primero y no le gustara el segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero.

Tenemos que definirnos en saber ¿quién está ocupando el primer lugar en nuestras vidas? Es fácil decir que es Dios cuando tienes dinero, pero que será cuando no se tiene, porque aún muchos de los que no lo tienen pasan renegando de la vida. El dinero es un medio mediante el cual, podemos ayudarnos o ayudar a otros

 

Pero no es para que ocupe el primer lugar y nos esclavicemos en él, en Lc.16,9 nuestro Señor nos dice:  Yo también les digo: Aprovechen el maldito dinero para hacerse amigos, para que, cuando se les acabe, los reciban a ustedes en las viviendas eternas.

 

Nuestro Señor llama maldito al dinero, porque lo que le ocasiona al hombre por obtenerlo solo son preocupaciones y los que lo buscan nunca se saciaran, Sir 31,7 dice: El dinero es una trampa  para aquellos que lo sirven y los que no piensan se dejan atrapar. Otro factor que nuestro Señor nos dice es que el dinero se acaba, no nos lleva a la eternidad, solo es algo pasajero en esta vida.

Si tenemos o no tenemos bienes, Dios debe de ser el primero en todo, Fil 4,12-13  nos dice: Se pasar privaciones, como vivir en la abundancia. Estoy entrenado para cualquier momento o situación: estar satisfecho o hambriento, en la abundancia o en la escasez. Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.
La vida vale más que cualquier cosa aquí en la tierra, esta, es un don sagrado que Dios nos ha regalado y si Dios nos ha mandado a este mundo, es porque nos manda con un propósito y este no consiste en vivir agobiados, preocupados por adueñarnos de cosas, pues somos como aventureros, que vamos de paso y que tenemos una patria celestial.

Jesús nos dice que no debemos  escudriñar las escrituras para encontrar la vida eterna, debemos de escudriñarlas para que el Espíritu Santo nos revele y nos muestre a nuestro Señor Jesucristo, porque en él si esta la vida, en Jn. 6,40 nuestro Señor nos dice: La voluntad de mi Padre  es que toda persona que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna: y yo lo resucitare en el último día. Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y esas cosas vendrán por añadidura.

Este es un mandato y lo primero que debemos de hacer, es que nuestro Señor Jesús sea el centro de nuestra  vida y que esté por encima de todo, por eso en Mt 10,37-39 nuestro Señor nos dice: No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí; no es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí. No es digno de mí el que no toma su cruz para seguirme. El que procure salvar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí, la hallara.

La Justicia de Dios es ser rectos, honrados, fieles a la verdad, donde no cabe más la mentira o el pecado que no es de Dios, el que nos llama a ser santos en toda nuestra conducta.
Nuestro señor nos llama a no pensar en el mañana, porque el mañana es de Dios y solo él sabe lo que pasara, lo que si podemos hacer es lo que nos dice Stgo. 4,15  Digan más bien: Si Dios quiere estaremos vivos y  aremos esto o lo otro.

 

Share Button
Powered by Bullraider.com