La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Domingo de Pentecostes. (Ciclo A)

San Juan 20,19 – 21

Jesús sopla sobre sus discípulos al Espíritu Santo prometido, llamado también nuestro paráclito, abogado, el consolador, así nos lo dice Jn.14,26 En adelante el Espíritu Santo interprete, que el Padre les enviara en mi Nombre, les va a enseñar todas las cosas y les recordara todas mis palabras.


Pasaron los momentos en que Dios Padre hablaba con los patriarcas y con los profetas, paso el momento en que nuestro Señor Jesús estuvo entre los hombres como Hijo de Hombre, ahora vivimos los tiempos del Espíritu Santo.

Muchos dicen  especialmente en retiros ven Espíritu Santo, él no puede venir porque ya está entre nosotros, él es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que viene a revelarnos a nuestro Señor Jesucristo, porque como nos dice nuestro Señor él no tiene un mensaje propio, pero si nos da sus dones y frutos para que con ellos nos acerquemos cada día a la santidad, porque sin ella nadie vera al Señor, Heb 12,14.

La lectura nos dice que los discípulos estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos.

No podemos vivir atemorizados, no podemos vivir más según los deseos de la carne, dejemos que el Espíritu Santo actué en nosotros, como un fuego purificador y que nuestra mente se abra de ahora en adelante a los deseos de Espíritu, Rom. 8,5-6 nos dice: Los que se guían por la carne, piensan y desean lo que es de la carne; los que son conducidos por el Espíritu van a lo espiritual. La carne tiende a la muerte, mientras que el espíritu se propone vida y paz.

Necesitamos renacer de nuevo pero de las cosas de arriba, como nos dice el Señor en Jn.3, 5 Jesús contesto: En verdad te digo: El que no renace del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.

Para decir que somos cristianos, debe de morar en nosotros el Espíritu de Cristo, pues solo mediante el Espíritu es que somos templos de Dios, así lo dice 1Co 3,16-17 ¿No saben ustedes que son templos de Dios, y que el espíritu de Dios habita en ustedes? Al que destruya el templo de Dios, Dios lo destruirá. El templo de Dios es santo y ese templo son ustedes.

Él les volvió a decir: La paz este con ustedes.

Cuando nos arrepentimos verdaderamente de nuestros pecados, se nos quita como un peso de encima, esa es la paz que Cristo nos da, porque nos está liberando de nuestros pecados, y nos está haciendo hombre libres, pues solo él es capaz de aliviar nuestras cargas, así nos lo dice en Mt 11,28 -30 Vengan a mí los que se sientan cansados y agobiados, porque yo los aliviare.

Carguen con mi yugo y aprendan de mí  que soy paciente de corazón y humilde, y sus almas encontraran alivio. Pues mi yugo es bueno y mi carga liviana.

Así como el Padre me envío a mí, así los envío a ustedes.

Nuestro Señor desea que actuemos a su semejanza, hemos sido enviados a este mundo con un propósito y este no es el de ser cristianos espectadores, solo estar viendo las cosas desde las tribunas, debemos de meternos al combate por nuestra salvación y la de otros hermanos, pues para ello tenemos el poder de Cristo, debemos de estar con la armadura de Dios, como nos dice Ef. 6,11  Pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras del diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas, sino contra los Gobernantes y Autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras. Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal.

 

 

San Juan 20,19 – 21

 

Jesús sopla sobre sus discípulos al Espíritu Santo prometido, llamado también nuestro paráclito, abogado, el consolador, así nos lo dice Jn.14,26 En adelante el Espíritu Santo interprete, que el Padre les enviara en mi Nombre, les va a enseñar todas las cosas y les recordara todas mis palabras.

Pasaron los momentos en que Dios Padre hablaba con los patriarcas y con los profetas, paso el momento en que nuestro Señor Jesús estuvo entre los hombres como Hijo de Hombre, ahora vivimos los tiempos del Espíritu Santo.

Muchos dicen  especialmente en retiros ven Espíritu Santo, él no puede venir porque ya está entre nosotros, él es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que viene a revelarnos a nuestro Señor Jesucristo, porque como nos dice nuestro Señor él no tiene un mensaje propio, pero si nos da sus dones y frutos para que con ellos nos acerquemos cada día a la santidad, porque sin ella nadie vera al Señor, Heb 12,14.

La lectura nos dice que los discípulos estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos.

No podemos vivir atemorizados, no podemos vivir más según los deseos de la carne, dejemos que el Espíritu Santo actué en nosotros, como un fuego purificador y que nuestra mente se abra de ahora en adelante a los deseos de Espíritu, Rom. 8,5-6 nos dice: Los que se guían por la carne, piensan y desean lo que es de la carne; los que son conducidos por el Espíritu van a lo espiritual. La carne tiende a la muerte, mientras que el espíritu se propone vida y paz.

Necesitamos renacer de nuevo pero de las cosas de arriba, como nos dice el Señor en Jn.3, 5 Jesús contesto: En verdad te digo: El que no renace del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.

Para decir que somos cristianos, debe de morar en nosotros el Espíritu de Cristo, pues solo mediante el Espíritu es que somos templos de Dios, así lo dice 1Co 3,16-17 ¿No saben ustedes que son templos de Dios, y que el espíritu de Dios habita en ustedes? Al que destruya el templo de Dios, Dios lo destruirá. El templo de Dios es santo y ese templo son ustedes.

Él les volvió a decir: La paz este con ustedes.

Cuando nos arrepentimos verdaderamente de nuestros pecados, se nos quita como un peso de encima, esa es la paz que Cristo nos da, porque nos está liberando de nuestros pecados, y nos está haciendo hombre libres, pues solo él es capaz de aliviar nuestras cargas, así nos lo dice en Mt 11,28 -30 Vengan a mí los que se sientan cansados y agobiados, porque yo los aliviare.

Carguen con mi yugo y aprendan de mí  que soy paciente de corazón y humilde, y sus almas encontraran alivio. Pues mi yugo es bueno y mi carga liviana.

Así como el Padre me envío a mí, así los envío a ustedes.

Nuestro Señor desea que actuemos a su semejanza, hemos sido enviados a este mundo con un propósito y este no es el de ser cristianos espectadores, solo estar viendo las cosas desde las tribunas, debemos de meternos al combate por nuestra salvación y la de otros hermanos, pues para ello tenemos el poder de Cristo, debemos de estar con la armadura de Dios, como nos dice Ef. 6,11  Pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras del diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas, sino contra los Gobernantes y Autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras. Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal.

 

Share Button
Powered by Bullraider.com