La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Santísima Trinidad (Ciclo A)

San Juan 3, 16 – 18

Este misterio redentor de amor y misericordia para con nosotros fue creado por la Santísima Trinidad, así nos lo dice el Gen 1,26  Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

 

Cuando Dios dice hagamos, es que no nos creó el solo, sino que lo hizo en compañía del Hijo y del Espíritu Santo, hay una condición para ser hijos de Dios, y esta es que cuando Jesús nos manda a anunciar las buenas nuevas del Reino de Dios a todas las naciones, nos dice que los bauticemos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Mt 28,20.

Tanto amo Dios al mundo que entrego su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Tanto amo Dios al mundo, vemos que el amor de Dios no tiene límites, somos nosotros los que se los ponemos, él lo que busca en nosotros como todo padre aquí en la tierra es que lo amemos y seamos felices, claro que la felicidad que nos ofrecen nuestros padres tiene límites, pero la felicidad que Dios Padre nos ofrece es algo muy especial y sin límites, 1Co 2,9 nos dice: Pero según dice la Escritura: El ojo no ha visto, el oído no ha oído, a nadie se le ocurrió pensar lo que Dios a preparado para los que lo aman.

De manera que si tenemos algún problema, solo recordemos que nuestro Dios único y verdadero es más grande que cualquier problema, para el nada es imposible.

Que entrego a su Hijo Único, esta es la muestra más grande de su amor por nosotros, porque siendo nosotros pecadores nos envió a Cristo Jesús, para entregar su vida como un sacrificio en la cruz para el perdón de nuestros pecados, Rom. 5,21 nos dice: Y del mismo modo que el pecado estableció su reinado de muerte, la gracia a su vez reinara y, después de restablecernos en la amistad de Dios,  nos llevara a la vida eterna gracias a Cristo Jesús nuestro Señor.

Para que todo el que crea en él no se pierda, creer en Jesús es aceptarlo como nuestro Señor y salvador y esto significa hacer lo que nos manda, nos manda a amar a Dios por sobre toda las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos y nos dice que para seguirlo tenemos que negarnos a nosotros mismos y cargar con las cruz de cada día.

El caminar con Jesús no es fácil, pero si queremos estar con él, estamos llamados a obedecerle y a cumplir con la voluntad de Dios, es un camino de sacrificios  porque a cada instante debemos de dejar los deseos de la carne, que son los que más nos cuestan doblegar, debemos de morir a nosotros

mismos, y decir cómo nos dice Gal 2,20 Y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que vivo en lo humano se hace vida mía por la fe en el Hijo de Dios, que me amo y se entregó por mí.

Dios no mando a su Hijo a este mundo para condenar al mundo, sino que por él ha de salvarse el mundo.

Dios no mando a nuestro Señor como un juez y decirnos el que está en pecado hasta aquí llego, sino que vino a mostrarnos, que con la gracia del amor, todo es posible, todos los que creemos en el amor de Jesús hemos sido salvados, porque con su luz nadie se pierde, pues esta es vida y en ella somos colmados.

Pero el que no Cree en Jesús ya está condenado, pues el que no tiene amor no tiene a Dios y este no puede dar frutos más que de perdición.

 

 

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