La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XV Domingo Ordinario- Ciclo A

San Mateo 13,1 – 23

Pero se juntaron alrededor de él tantas personas que prefirió subir a una barca donde se sentó mientras toda la gente estaba a la orilla.
Siempre eran muchas las personas que querían oír a Jesús, esto nos quiere decir que tenían necesidades y a eso es que vino el a enseñarnos como resolver estas.
Jesús habla por comparaciones, en este caso nos habla del sembrador que salió a Sembrar, pero si notamos habla de que tira la semilla en diferentes suelos, es decir la palabra es para todos, de nosotros depende si realmente queremos que la palabra de fruto en nuestra vida.


Jesús respondió: Porque a ustedes se les ha permitido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.
Los misterios del Reino de los Cielos no son para todos, son especialmente para aquellos que con mucha humildad escuchan y obedecen en hacer la voluntad de Dios.
Por eso les hablo con parábolas, porque cuando miran no ven y cuando oyen no escuchan ni entienden.

Jesús es la verdad, pero cada uno de nosotros tiene su propia verdad, por eso no se ve ni se oye, Jn.1,11 nos dice: Vino a su propia casa y los suyos no lo recibieron.
La falta de humildad en aceptar todo lo bueno que Dios nos ofrece, hace que el corazón se endurezca, porque muchos quieren estar con él, pero a su vez no quieren soltar las cosas que el mundo ofrece, así actuaban los fariseos, por eso nuestro Señor decía, hagan lo que les dicen pero no los imiten,
Ap.3, 15 nos dice: Yo sé lo que vales: no eres ni frio ni caliente; ojala fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio, ni frio ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca.

Nuestro Señor explica la parábola, nosotros debemos de hacer conciencia, de lo que significa esta semilla en nuestra vida.
Si la semilla cayó en la orilla del camino, somos de los que oímos la palabra del Señor, como oímos cualquier cosa, así como entro por un oído así mismo se salió por el otro, los que se alegran son los pájaros porque quieren que sigamos actuando de esta forma.

Lo sembrado en tierra pedregosa, oímos la palabra del Señor tratamos de escucharla porque nos gusta, pero no lo suficiente como para que eche raíz en nuestro corazón, porque no le damos la prioridad, no tenemos la suficiente fe, como para fortalecerla ante el calor de las pruebas y las persecuciones, hacemos que esta se marchite.
Lo sembrado entre espinos, no solo oímos la palabra de Dios, sino que también la escuchamos, le damos prioridad hasta el punto de que quede sembrada en nuestro corazón, pero también sembramos las cosas de este mundo, la palabra nos dice bien claro que no podemos servir a dos patrones a la vez y preferimos escoger las momentáneas riquezas de este mundo y ahogamos las verdaderas riquezas que perduran para siempre.

Lo sembrado en tierra buena, se oye la palabra del Señor, se medita y hecha raíz en nuestro corazón, la prioridad solo es ella, y crece hasta dar frutos.
Este es el cristiano que se compromete y es productivo para el Reino de los Cielos, el camino a la salvación no es fácil, pero si perseveramos en la fe en Cristo hasta el final lo lograremos, porque con el todo es posible.

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