La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XXVI Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 13,44 – 52

El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre lo vuelve a esconder y, de tanta alegría vende todo lo que tiene para comprar ese campo.

Cuando hemos encontrado a nuestro Señor Jesús, y lo hemos aceptado como nuestro Señor y salvador ya hemos encontrado el Reino de los Cielos, somos capaces de vender todo, es decir renunciar a toda cosa terrenal, el valor que tiene para los que lo hemos encontrado sabemos que es invalorable y la alegría que se siente es sin límites, por esta razón decimos que no podemos ver a un cristiano verdaderamente convertido triste, hemos encontrado un tesoro espiritual, que nos viene a colmar de la gracia de Dios, el Sal 91,15-16 nos dice: Me llamara, yo le responderé y estaré con él en la desgracia. Lo salvare y lo enalteceré. Lo saciare de días numerosos y hare que pueda ver mi salvación.

 

El Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas. Si llega a sus manos una perla de gran valor, vende cuanto tiene, y la compra.

Este es el mejor negocio en el que nos podemos encontrar en nuestra vida, el Reino de los Cielos a cambio de las cosas terrenales, en una de las tentaciones que le presento el diablo a Jesús le promete todas las naciones del mundo con todas sus riquezas con tal de que lo adorara y Jesús le respondió: Aléjate de mí Satanás, porque dice la Escritura: Adoraras al Señor tu Dios a él solo servirás.

Y es que para adorar a Dios y servirle debemos de renunciar a muchas cosas

Porque una de las condiciones para estar en el Reino es vivir en santidad, es renunciar a ese hombre viejo lleno de pecado y que vive en la esclavitud, para ello no debemos de ser mediocres, sino por el contrario debemos de esforzarnos al máximo, en Jos 1,8-9 Dios le dice a Josué: Yo soy quien te manda; esfuérzate, pues, y se valiente. No temas ni te asustes, porque contigo esta Yave, tu Dios, adondequiera que vayas.

No podemos tener dos patrones en nuestra vida, debemos forzosamente renunciar a uno, si hemos elegido el Reino de los Cielo, el único camino que nos lleva a este, es mediante nuestro Señor Jesucristo, así nos lo dice: Jn. 14,6 Jesús contesto: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí.

En nuestra vida hay prioridades y nosotros debemos de saber cuáles son, María de Betania conocía su prioridad y escogió la mejor parte la que nunca le será quitada.

EL Reino de los Cielos es semejante a una red que se echa al mar y recoge peces de toda clase. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla. Ahí se sientan, escogen los peces buenos y los echan en canastos, y tiran los que no se pueden comer.

Así como la red cae en el mar y recoge todo tipo de peces, así también nuestro Señor Jesucristo vino para la salvación de todos, la decisión está en cada uno de nosotros, si creemos que lo que hemos hecho hasta ahora no está bien, tenemos vida y mientras hay vida hay esperanza, recordemos a uno de los ladrones que estaba con Jesús en el momento de la crucifixión, se arrepintió y lo reconoció como su Señor y ahora está en el paraíso.

Los pescadores son como los ángeles que apartaran los peces buenos y echaran al mar de nuevo los que no sirven para comer.

Así será en el momento del juicio final, los buenos pasaran al Reino y los malos al horno ardiente.

Todo el que vive de la palabra del Señor, el Espíritu de Dios lo va renovando para hablar del ayer, del presente y del futuro, porque asi es como actúa nuestro Padre celestial.

 

 

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