La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XVIII Domingo Ordinario (Ciclo A)


Nosotros deberíamos de imitar a nuestro Señor, porque los momentos de soledad nos permite poner en orden nuestra vida, meditar el camino que estamos llevando y si este es el que le agrada a Dios.

En el silencio con Dios nos hace recapacitar,

nos hacen descansar y nos permite recuperar las fuerzas espirituales para seguir en el buen combate por mantener constante nuestra fe, pues sabemos que solo con ella podemos agradar a Dios.

 

Pero la gente, en cuanto lo supo, lo siguió por tierra desde sus pueblos.

Desde la venida de nuestro Señor hasta nuestros días son multitudes los que lo seguimos, lo buenos seria que lo sigamos por buscar el Reino y la Justicia de Dios y no por la añadidura.

Jesús al desembarcar y ver a tanta gente reunida, tuvo compasión y sano a los enfermos.

La compasión de nuestro Señor por nosotros se hace viva porque él se encarna en nuestro dolor, esta debería ser nuestra actitud, porque mientras no veamos el dolor de nuestros hermanos, no estamos haciendo la voluntad de Dios, el amor más grande que Cristo nos demostró fue su gran misericordia, por eso él nos deja el mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, 1Jn. 3,18-19 nos dice: Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios afuera, sino verdaderamente y con obras. Esto nos dará la certeza de que somos de la verdad y se tranquilizara nuestra conciencia delante de él.

Pero Jesús les contesto: No tienen necesidad de irse: denles ustedes de comer.

No podemos decir que somos cristianos si somos como árboles que no dan frutos, dice la palabra que Jesús en determinado ocasión sintió hambre y se acercó a una higuera pero esta no tenía frutos y al instante la seco, estamos alimentados del Pan Vivo bajado del Cielo, y tenemos alimento tanto para nosotros como para dar a otros hermanos que necesitan angustiosamente de este alimento espiritual.

Ellos respondieron: No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados.

Todos queremos que Jesús haga milagros en nuestra vida, pero los milagros ocurren cuando Dios ve que nosotros ponemos una parte, entonces él pone la otra, así fue como sucedió el milagro de las bodas de Cana, Jesús pidió primero que le trajeran agua y el después la transformo en vino.

Toma los cinco panes y los dos pescados, levanta los ojos al  cielo, pronuncia la bendición.

Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres, por eso levanta los ojos al cielo, para contar con la venia de Dios Padre, pongamos en las manos de Jesús todas nuestras necesidades, porque él nos dice todo cuanto pidan al Padre en mi nombre yo se los concederé.

Parte los panes y se los entrega a sus discípulos para que se lo repartan a la gente. Y todos comieron hasta saciarse.

Con Cristo todo es posible, si le somos fieles en lo poco él nos dará más, no hay nada que junto a él no podamos solucionar, por eso San Pablo nos dice todo lo podemos en aquel que nos fortalece, pues con el somos más que vencedores.

Se recogieron doce canastos llenos de los pedazos que sobraron.

Los doce canastos son los doce discípulos los que están llenos de la gracia del Señor, y que continúan con la obra alimentar a todos aquellos que necesitan de ese alimento espiritual.

 

Share Button
Powered by Bullraider.com