La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XX Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 15,12 – 28

Entonces los discípulos se acercaron y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se escandalizan al oírte hablar así?
La palabra de Dios da lugar a escandalizar, especialmente a aquellas personas que están acostumbradas a ver las cosas normales como anormales, como cristianos debemos de mantenernos fieles a la palabra de Dios y respetar las opiniones de cada persona aunque su opinión sea muy contraria a la nuestra.

Jesús respondió: Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz.
Todos aquellos que guardan la palabra de Dios en su corazón permanecerán, pero todos aquellos, que van en contra de la palabra no permanecerán, porque viven de la mentira y para reconocerlos, 1Jn. 4,20 nos dice: El que dice: Yo amo a Dios y odia a su hermano es un mentiroso, ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama a su hermano, a quien ve?
¡Déjenlos! Son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caen en un hoyo.
Todos aquellos que no mira la luz de Cristo, están en la oscuridad, son esclavos del pecado, si se quieran ayudar, lo que hacen es hundirse más.
Jesús es la luz que brilla en medio de las tinieblas y todos lo que creen en su Nombre se les concede ser hijos de Dios, así lo dice Jn. 1,12
Si creemos que Jesús es la luz, también nosotros somos luz, que podemos ayudar a muchos hermanos que viven en la oscuridad, anunciándoles las Buenas Nuevas del Reino de Dios, este es el último mandato que nuestro Señor nos dejó, de manera que no podemos ocultar la luz de Cristo, por el contrario debemos de testificarla con nuestra manera de actuar.
Nuestro Señor explica a sus discípulos que no es lo que uno come lo que nos hace pecar, sino que es lo que sale de nuestra boca, porque todo lo malo que sale de nuestra boca, esta ya almacenado e nuestro corazón.
Debemos de estar muy definidos de la semilla sembrada en nuestro corazón, porque de ella depende nuestra cosecha, no podemos decir que honramos a Dios solo de labios, si nuestro corazón está lejos de él, porque nos volvemos falsos y eso nos hace impuros.
Honrar a Dios significa como nos dice, Mc 12,30 Al Señor tu Dios amaras con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.
Tiro y Sidón eran dos pueblos paganos que estaban fuera de Israel, los judíos llamaban a toda persona paganas perros. Una mujer cananea que salió de esos pueblos, tenía una hija que era atormentada por un demonio, siguió a Jesús y le gritaba diciendo: Señor, hijo de David ten compasión de mí.
Esta declaración hecha por esta mujer, que no era israelita, también fue hecha por Bartimeo el ciego de Jericó, y esta es una promesa de Dios que del linaje de David vendría el rey de la justica, que venía a ayudar al Pueblo de Dios.
Jesús contesto: no se debe de echar a los perros el pan de los hijos.
Jesús es la palabra, es el pan vivo, solo venia para los hijos de Israel y como era de pueblo pagano, era como desperdiciar la palabra de Dios, en persona que tenía otros dioses.
En verdad Señor, contesto la mujer, pero los perritos comen de las migas que caen de la mesa de sus patrones.
La mujer con todo respeto aun en medio de su aflicción, reconoce que es pecadora y pide las migas de los milagros, porque sabe que con tan poco su hija sanaría y Jesús le dice: Mujer, ¡qué grande es tu Fe! Que se cumpla tu deseo.
Esto es lo que Dios desea, que reconozcamos ante el nuestros pecados y que aprendamos a tener fe como la tenía esta mujer, pues ella sabía que el todo lo podía.

 

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