La Palabra meditada

La Palabra Meditada- XXX Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 22,34 – 40

Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?

Todos los mandamientos son importantes, porque con uno que dejemos de cumplir, estamos en contra de lo que Dios nos ha mandado, pero nuestro Señor Jesús nos da a entender que sin abolir ni desmeritar a alguno de los mandamientos, en los dos que él nos menciona se cumplen los demás.

Jesús le respondió: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y el más importante de los mandamientos.

Amar con todo el corazón: En el corazón es donde se encuentran el deseo y la voluntad de las personas, Jesús nos dice que de lo que está lleno el corazón, eso es lo que sale de nuestra boca, si amamos a Dios con todo nuestro corazón hacemos su voluntad, si nuestro corazón está lleno solo de cosas buenas y positivas, esa será la forma como nos expresemos.

Hay personas que solo hablan de cosas negativas o malas, dicen amar a Dios, pero se nota que solo lo hacen con los labios porque su corazón está lejos de Dios, no testifican al verdadero y único Dios con su manera de ser.

Amar con toda tu alma: el alma es la vida de la persona y esta puede estar llena de malos deseos o de buenos deseos.

Vemos a diario muchas personas que viven pero como si estuvieran muertas, porque aun teniéndolo todo no le encuentran sabor a la vida, otros que piensan que la vida está en el poseer y otros que tienen tantos problemas que viven ahogados.

Los que aman a Dios con toda su alma son aquellos que han nacido de nuevo, pero como dice la palabra, han nacido en el espíritu, y solo el Espíritu de Dios es el que da la verdadera vida, Rom. 8,5-6 nos dice: Los que se guían por la carne, piensan y desean lo que es la carne; los que son conducidos por el Espíritu van a lo espiritual. La carne tiende a la muerte, mientras que el Espíritu se propone vida y paz.

Amar con toda la mente: si el Espíritu de Dios está en nosotros, podremos controlar nuestra mente, de lo contrario es como una loca dentro de un cuerpo, incluso puedes decir que estas orando y tu mente está en otro lugar, la mente es muy traicionera, puede dejarse llevar por los deseo de la carne o por sentimientos.

Si amamos a Dios con toda nuestra mente debemos de dejar que el espíritu de Dios tome el control, entonces nuestro pensamientos serán puros, nobles, justos, y confiaremos y esperaremos en él.

Y después viene otro semejante a este: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.

Podemos decir que amamos a Dios y que amamos a nuestro prójimo, pero si no nos amamos nosotros mismo no tenemos amor, el amor nos lleva a desprendernos de nosotros mismo, si nosotros nos consideramos dignos, entonces debemos considerar a nuestro prójimo como más digno, 1Jn 4,12 nos dice: Nadie ha visto nunca a Dios, pero si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se dilata libremente entre nosotros.

Si amamos a Dios, debemos de amar a nuestro hermano, 1Jn. 5,2-3 nos dice: Cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandatos tenemos la certeza de que amamos a los hijos de Dios.

Pero este amor hacia nuestro hermanos lo debemos de demostrar, que no sea un del diente al labio, nuestro amor debe de ser sincero y fiel en todo momento, Rom. 12,9-10 nos dice: En el amor entre hermanos: demuéstrense cariño unos con otros. En el respeto: estimen a los otros como más dignos.

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