La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Ciclo A

San Juan 11,17 – 27

Cuando llego Jesús, Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro.

Nuestro Señor ya sabía que lázaro había muerto, pero al no estar el en Betania, tanto los discípulos como la personas del lugar observarían manifestarse la gloria de Dios, mediante nuestro Señor Jesucristo, por eso dice que ya Lázaro tenía cuatro días en el sepulcro.

Son muchos los hermanos que andan en la vida pero como muertos, que hasta ya despiden mal olor, pero es porque viven la vida en la carne, solo viven para las cosas de este mundo, nuestro Señor Jesús es la verdadera vida, pero es la vida en el espíritu, Jn.1,4 nos dice: Lo que llego a ser, tiene vida en El, y para los hombres esta vida es luz.

Los que hemos conocido y aceptado a nuestro Señor ya no vivimos conforme a los deseos de la carne, sino que vamos a lo espiritual, a dejar hacer la voluntad de Dios y hacer lo que a él más le agrada que hagamos.

Muchos de nosotros quedamos impactados cuando nuestro Señor nos manifiesta su gran misericordia, mediante un milagro que ha realizado en nuestra vida, en la de un familiar o en la de un amigo, pero pasado algunos días volvemos a nuestra rutina y todo queda en el olvido, solo tenemos las manos abiertas para todo lo que Dios nos regala, pero las cerramos para abrirlas a la verdadera vida que él nos ofrece, no buscamos lo que realmente Dios quiere, que es el Reino y su Justicia, buscamos la añadidura.

Marta, pues, dijo a Jesús: Si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto. Pero cualquier cosa que pidas a Dios, yo sé que Dios te la dará.

Siempre le reclamamos a Dios, si hubieras estado aquí, no andamos en las cosas que Dios le agrada, pero cuando nos enfrentamos a una necesidad, queremos que Dios este al instante con nosotros y que nos saque del problema, lo que no comprendemos es que el tiempo de Dios no es nuestro tiempo.

Dios siempre está con nosotros y más cuando estamos pasando por alguna prueba, pero Dios sabe que solo médiate ella es como nuestra fe se vuelve más sólida, Dios quiere que confiemos en el en todo momento, pues no se puede percibir a un cristiano sin fe, sigamos pues firmes manteniendo siempre toda nuestra esperanza en Dios y la palabra nos dice en Heb 10,38 El justo mío si cree vivirá: Que si desconfía, ya no lo mirare con amor.

Caminar en la fe no es fácil, porque la fe requiere un compromiso con Dios, a hacer constantes y responsables de su palabra, con la fe todo es posible, pero recordémonos también que sin fe es imposible agradar a Dios.

Jesús dijo: Tú hermano resucitara. Marta respondió: Yo sé que resucitara en la resurrección de los muertos, en el último día.

Por la respuesta que le da Marta a Jesús ella conocía la palabra, como muchos de nosotros, el problema está en que la conocemos pero no la vivimos, Heb 4,12 dice: En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo. Penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, sondeando los huesos y los tuétanos para probar los deseos y pensamientos más íntimos.

Jesús dijo: Yo soy la Resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. El que vive por la fe en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

Jesús nos da esta promesa que si vivimos por la fe en el viviremos para siempre, hagamos conciencia de la fe que tenemos en este momento, y si es poca hagamos como aquel padre que dijo: Creo Señor pero aumenta mi fe.

Ella contesto: Si, Señor, porque yo creo que Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios que ha de venir a este mundo.

Reconozcamos nosotros a Cristo como Marta lo reconoció y resucitaremos con él y tendremos la vida eterna.

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