La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XXXII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 25,1- 13

Entonces el Reino de los Cielos los podrá ser comparado a diez jóvenes que salieron con sus lámparas para recibir al novio.
Diez es el número de la perfección del hombre, también representa la responsabilidad que Dios nos ha dado, Dios nos dio los diez mandamientos, para que los guardásemos y los grabáramos en nuestra mente y corazón y de esta manera pudiéramos alcanzar la perfección o la santidad.

De ellas, cinco eran descuidadas y cinco previsoras.

Al hablar de descuidadas y previsoras nos referimos en este caso a la vida del creyente, por un lado están los cristianos conformistas, son aquellos que se dejan llevar más por el mundo, que por el espíritu de Dios, Rom.12,2 nos dice: No sigan la corriente del mundo en que vivimos, más bien transfórmense por la renovación de su mente. Así sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto.

Y por otro lado están los cristianos comprometidos que son aquellos que tienen una vivencia de fe en nuestro Señor Jesucristo y aunque pase por caminos difíciles no se apartan de él, su vida es más espiritual, Ef. 4,24 nos dice: Y revístanse del hombre nuevo. Este es al que Dios creo a su semejanza, dándole la justicia y la santidad que procede de la verdad.

Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar aceite, Las previsoras, es cambio, junto con las lámparas llevaron su botella de aceite.

Esta parábola no es para que nos asustemos, sino más bien para que tomemos conciencia de cómo vivimos realmente las cosas de Dios, es saber si estoy dando lo suficiente de mí al Señor o necesito hacer un esfuerzo más, para hacer las cosas que realmente a Dios le agradan, es preguntarnos si andamos solo con la lámpara o andamos con la lámpara y la botella.

Recordemos todos necesitamos de los milagros de Dios Padre, pero para ello él pone su parte y nosotros la otra, todos queremos entrar al Reino de los Cielos, pero hay dos caminos el fácil y el escabroso, lastimosamente es el camino escabroso el que nos lleva al Reino, porque es por ese camino por donde nuestra fe es probada, es decir es por ese camino donde no solo debemos andar con la lámpara, sino también con el aceite.

Nuestro Señor nos dice que si queremos seguirlo debemos de negarnos a nosotros mismo y cargar la cruz de cada día, pero para hacer esto no solo basta la lámpara, que es la palabra necesitamos del aceite que significa andar siempre con el Espíritu Santo, porque solo él no puede manifestar y revelar la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

En nosotros esta si nuestro Señor nos conoce o nos desconoce, entre más nos preparemos en conocer su palabra y nos dejemos guiar por su espíritu , no temeremos a ese día, sabremos a donde iremos, porque nos afianzamos en lo que nos dice Rom. 8, 38-39 Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes espirituales, ni el presente, ni el futuro, ni las fuerzas del universo, sean de los cielos, sean de los abismos, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios, que encontramos en Cristo Jesús, nuestro Señor.

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