La Palabra meditada

La Palabra Meditada - II Domingo de Adviento - Ciclo B

 

San Marcos 1,1 – 8

Comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios. Marcos nos hace ver que con la venida de nuestro Señor, comienza la buena noticia de la salvación y la felicidad para todos, para ello el Hijo de Dios se hace carne para habitar entre los hombres, esto no quiere decir que viene a entrar en cada uno a la fuerza, somos nosotros los que elegimos si queremos participar de estas Buenas Nuevas y si queremos que nuestro Señor Jesús more en nuestra vida. Marcos también nos hace ver que la profecía del profeta Isaías, estaba comenzando, porque Dios mandaría un mensajero que prepara el camino del Señor. Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. Juan el Bautista es ese mensajero que nos llama a cambiar el rumbo de nuestra vida, porque los que queremos seguir a nuestro Señor, tenemos que andar en lo recto, en la verdad, porque esta es la única manera de alcanzar la santidad, y la palabra nos dice que sin santidad nadie vera a Dios, cita bíblica Heb 12,14 Y así sucedió: Juan el Bautista se presentó en el desierto. Y predicaba al pueblo, hablando de bautismo y de conversión para alcanzar el perdón de los pecados. Estamos preparados para recibir al Señor, pues no podemos decir que conocemos al Señor, si no hemos tenido un verdadero arrepentimiento de nuestras faltas. Cada navidad que el Señor nos permite vivirla, no es para que preparemos nuestras casa llenándolo de adornos y luces, de las mejores comidas, comprando ropas finas e incluso ir a la iglesia a oír hablar del nacimiento de nuestro Señor, cada navidad que vivimos es para preparar el camino del Señor, como lo debemos hacer todos los días, arrepentirnos y dejar que la luz de Cristo more realmente en nuestro corazón, y de esta forma testifiquemos el amor, la paz y la caridad de nuestro señor con nuestro prójimo. Juan decía muy claro: Detrás de mí viene otro mucho más grande que yo, y no me atrevía, ni siquiera de rodillas, a desatar la correa de su calzado. Con esto Juan el Bautista está reconociendo con mucha humildad, que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, por eso Jn. 1,6-8 nos dice: Vino un hombre departe de Dios: este se llamaba Juan. Vino para dar testimonio; vino como testigo de la luz. Pues yo los bautice con agua, pero él los bautizara el Espíritu Santo. Bautizo significa sumergir, Juan sumergía en agua como un simbolismo para la limpieza de los pecados, pero con el bautizo de nuestro Señor debemos de sumergirnos en el Espíritu Santo para que seamos reconocidos como hijos de Dios y hagamos su santa voluntad. De manera que estemos alegres en todo momento y si queremos estar con Jesús en nuestra vida, debemos de estar siempre en constante preparación en su palabra, para que estemos con la ropa de trabajo puesta y no nos encuentre desprevenidos en su segunda venida.

 

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