La Palabra meditada

La Palabra Meditada - III Domingo de Adviento - Ciclo B

 

San Juan 1,6-8.19-28

Vino un hombre de parte de Dios: este se llamaba Juan. Juan el Bautista era hijo de Isabel prima de María virgen y Zacarías. Vino para dar testimonio; vino como testigo de la luz, para que, por él, creyeran. Juan fue enviado por Dios para dar testimonio de la luz que es nuestro Señor Jesucristo, quien vino a este mundo para rescatarlo de las tinieblas, nosotros que ya le conocemos no debemos sentir vergüenza en testificarle, por el contrario sintámonos orgullosos, por imitarle en nuestro Diario vivir, 2Tim 1,8 nos dice: Por eso no te avergüences del testimonio que tienes que dar de nuestro Señor, ni de mí al verme preso. Al contrario lucha conmigo por el Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Los judíos de Jerusalén habían enviado donde Juan a algunos sacerdotes y levitas para que le preguntaran: ¿Quién eres tú? Juan acepto decírselos y no lo negó. Declaro: Yo no soy el Cristo.  Juan sabe muy bien quién es él y en su humildad declara que no es el Cristo, él sabe que fue enviado delante de él y por eso se alegra, como nos dice en Jn.3,29-30 Por eso mi alegría es perfecta: es necesario que el crezca y que yo disminuya. Que todos actuáramos de esta manera, con mucha humildad, sabiendo que no somos nada, que si hemos venido a este mundo es porque la gracia de Dios así lo ha querido y que tenemos así como Juan un propósito que cumplir haciéndolo con mucha responsabilidad, pues para pertenecer a la iglesia de Cristo Jesús o para trabajar en su viña debemos de comprometernos, y ocuparnos de las cosas del Señor. Le dijeron: Entonces, ¿quién eres?, ¿Elías? Contesto: Yo no soy Elías. Le dijeron: ¿Eres el Profeta? Contesto: No Este es un gran testimonio que nos da Juan para que no andemos autoproclamándonos apóstoles o profetas, si en verdad hemos conocido al Señor hagamos la voluntad de Dios, pues no necesitamos sobresalir ante los hombres, más bien demos el buen ejemplo, pues no tenemos méritos, todo son de Cristo Jesús quien ha tenido misericordia de nosotros. Vemos como la palabra de Dios se cumple cuando nos dice en Lc. 18,14 Porque todo hombre que se hace grande será humillado y el que se humille será hecho grande. Porque vemos como Juan declara en su humildad que nos es profeta, pero la palabra nos dice en Lc. 1,76 Y tú, pequeño niño, serás el profeta del Altísimo pues llegaras primero que el Señor para prepararle el camino. Juan contesto: Yo soy la voz del que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor, como lo anuncio el profeta Isaías. Si queremos estar en el camino del Señor, tenemos que ir cortando de raíz todo lo que va en contra de la verdad, si queremos que Cristo entre en nuestro corazón, ya no lo usemos como una bodega donde se coloca todo lo que no sirve, lo sucio y lo viejo, limpiémoslo porque es el lugar donde nuestro Señor se sienta en su trono, como el rey de nuestra vida. Que nuestro arrepentimiento sea sincero, pues hemos sido bautizados en el nombre de la Santísima Trinidad.

 

 

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