La Palabra meditada

La Palabra Meditada - La Sagrada Familia - Ciclo B

 

San Lucas 2, 22- 40

Asimismo, cuando llego el día en que de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de purificación de la madre, llevaron al niño a Jerusalén. Allí lo consagraron al Señor. Según la ley la madre que daba a luz quedaba impura, sabemos que este no era el caso de María, pero ella tenía que seguir todo conforme a la ley, de presentarse a los cuarenta días al templo, si el hijo era varón y a los ochenta días si era mujer. También Jesús debía de ser consagrado ante Dios, esto lo que significaba según la ley de Moisés, es que todo hijo primogénito nacido en Israel le pertenecía a Dios, así nos lo dice Ex 13,2 Todos los primogénitos de los hijos de Israel son míos, tanto de hombres como de animales. Aunque Jesús es el unigénito de Dios Padre tenía que cumplir con esta presentación en el templo, para ser presentado como un humano y su vez que era un hijo del pueblo de Israel.

 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era muy bueno y piadoso y el Espíritu Santo estaba en él. Hombres y mujeres buenas y piadosas es algo que se necesitan mucho en nuestra actualidad, pues se ve muchas injusticias, impunidad y miseria, los más necesitados, carecen de nuestra ayuda, especialmente de los que ya hemos conocido a Cristo Jesús y lo digo así porque él nos enseña los mandamientos del amor, 1Jn. 3,17 nos dice: Cuando alguien goza de las riquezas de este mundo y, viendo a su hermano en apuros, le cierra su corazón, ¿Cómo permanecerá el amor de Dios en él? Muchos pueden decir esto se refiere a los ricos, todos somos hijos de Dios, y todos tenemos riquezas, la idea es tener misericordia con el que más necesita, así como la tubo nuestro Señor con nosotros y el mandamiento nos dice ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. Señor, ahora ya puedes dejar que tu servidor muera en paz, como le has dicho. Porque mis ojos han visto al Salvador que tu preparaste para presentarlo a todas as naciones. Si ya hemos conocido al Señor, ya no debemos temer a nada y mucho menos a la muerte, Rom. 14,7-8 nos dice: En realidad ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos, morimos para el Señor. Y tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Luz para iluminar a todos los pueblos y gloria de tu pueblo, Israel. Dejémonos iluminar por la luz de Jesús, para que cada día seamos más transparentes ante él y nuestro prójimo. Mira este niño debe de ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Sera puesto como una señal que muchos rechazaran y a ti una espada te atravesara el alma. Jesús es causa de contradicción para muchos, especialmente para aquellos que están fundamentados en la mentira, para aquellos de duro corazón y que solo ven sus intereses. La vida de María cambia desde el momento que ella le da un si al Señor y el dolor más grande que ella siente, es en el momento de la crucifixión y muerte de nuestro Señor, esa es la espada que le atraviesa su corazón. Simeón y Ana son los dos testigos que dan fe de la presentación en el templo de nuestro Señor. Así como vemos a la sagrada familia, diciendo un si al Señor, aceptándolo con mucha responsabilidad, y empezando a vivir por la fe, así deben de vivir las familias aferradas a la fe en nuestro Señor Jesucristo y creando dentro de su seno verdaderos principios espirituales.

 

 

 

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