La Palabra meditada

La Palabra Meditada - La Epifania - Ciclo B

San Mateo 2,1-12

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes, vinieron unos Magos de Oriente a Jerusalén.
Estos no eran magos que se dedicaban a hacer trucos o cosas malas, en estos tiempos se les consideraba como unos sabios, porque se dedicaban al estudio de los astros, eran de Oriente lo más probable es que provenía de Persia.
Y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle.
En cuanto a cómo sabían los magos de Jesús, lo podemos encontrar en la profecía de Is 60,5-6 que nos dice: Tú entonces, al verlo, te pondrás radiante, palpitara tu corazón muy emocionado; traerán a ti tesoros del otro lado del mar y llegaran a ti las riquezas de las naciones. Te inundara una multitud de camellos: llegaran los de Median y Efa. Los de Saba vendrán todos trayendo oro e incienso, y proclamando las alabanzas de Yave.
Es interesante ver como unos sabios de países paganos, se dejan guiar por una estrella para encontrar a Jesús y adorarlo, este es un principio básico que deberíamos de hacer, si queremos llegar al Reino de Dios, debemos de buscar incansablemente a nuestro Señor Jesucristo, él es el único mediador entre el Padre y nosotros y como nos dice su palabra él es el único camino, la verdad y la vida, Jn.1,9 nos dice: Porque la luz llegaba al mundo, la luz verdadera que ilumina a todo hombre.
Belén en la tierra de Judá, tú no eres el más pequeño entre los principales pueblos de Juda, porque de ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo, Israel.
Con esta profecía vemos como nuestro Padre, con todo su poder y grandeza, busca siempre lo más pequeño, lo más humilde, hasta en el lugar donde nacería su hijo unigénito.
La grandeza y el poder de Dios siempre se refleja en los más pequeños, por eso nos dice que ellos serán levantados y los poderosos aquí en la tierra serán humillados, es para los más pequeños que nuestro Señor da promesas como nos dice Mt 5,3 Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Al ver la estrella se alegraron mucho, y, habiendo entrado en la casa, hallaron al niño que estaba con María, su madre.
La alegría de encontrar a Jesús es inmensurable, porque en el hemos encontrado el amor y la misericordia infinita, que Dios tiene para cada uno de nosotros, nuestro Señor no nos quiere tristes, nos llama a estar siempre alegres, en Jn. 15,11 nos dice: Yo les he dicho todas estas cosas para que en ustedes este mi alegría, y la alegría de ustedes sea perfecta.
Se postraron para adorarlo y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Estos tres regalos representan: el Oro simboliza que Jesús es el rey de Reyes, y señor de Señores estableciendo así un verdadero reinado de Justicia y paz.
El Incienso simboliza su divinidad, demostrando que Jesús es Dios entre los hombre por lo que lo debemos de adorar y glorificar en todo momento.
La Mirra simboliza que nuestro Señor fue hombre por eso nos dice en Jn. 1,14 Y el Verbo se hizo carne, y habito entre nosotros.
Esto nos demuestra cuanto sufrimiento cargo en la cruz por cada uno de nosotros, hasta su muerte.

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