La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Bautismo del Señor - Ciclo B

San Marcos 1,7 – 11

Pues yo los bautice con agua, pero él los bautizara en el Espíritu Santo.
Con el bautismo que recibimos en el Espíritu Santo, pasamos a hacer hijos de Dios y conciudadanos del Reino de los Cielos.
Cuando somos bautizados, el agua nos limpia del pecado, pero el Espíritu Santo nos purifica y nosotros pasamos a hacer templos suyos, así nos lo dice 1Co 6,19-20 ¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que Dios mismo puso en ustedes? Ustedes ya no se pertenecen a sí mismo; sabiendo que fueron comprados a un gran precio, procuren que sus cuerpos sirvan para gloria de Dios.
Sabiendo esto no nos deberíamos prestar a los deseos de la carne, sino más bien debemos dejarnos conducir por el espíritu, recordemos lo que nos dice Rom. 8,6 La carne tiende a la muerte, mientras que el Espíritu se propone vida y paz.
En esos días, Jesús vino de Nazaret, pueblo de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el rio Jordán.
Nuestro Señor nos da el ejemplo, al dejarse bautizar por Juan y es que solo atravez del bautismo es que somos considerados hijos de Dios y seremos nuevas criaturas, el bautismo no es un querer de hombres es un mandato de nuestro Señor, que nos llama a ir por todas las naciones y hacer que los pueblos se sometan, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Cuando salió del agua, los Cielos se rasgaron para él y vio al Espíritu Santo que bajaba sobre él, como paloma.
Así como los Cielos se abrieron para nuestro Señor, también cuando somos bautizados los Cielos se abren para nosotros, esto significa que no hay secretos entre Dios y los hombres, aunque no conocemos totalmente a Dios, sabemos que él es la verdad, lo que él desea de nosotros, es el empezar hacer su voluntad, es un empezar a vivir ya no con los frutos de la carne, sino a vivir conforme a los frutos del Espíritu Santo, que son según nos dice Gal 5,22-23 En cambio, el fruto del Espíritu es: caridad, alegría y paz; paciencia, comprensión de los demás, bondad y fidelidad; mansedumbre y dominio de sí mismo. Ahí no hay condenación ni Ley.
Como vemos con los frutos de espíritu es como realmente aprendemos amar a Dios y a nuestro prójimo, aprendemos a hacer justos y a vivir conforme a la verdad, que es la que realmente nos hace libres.
Y del Cielo llegaron estas palabras: Tú eres mi Hijo, el Amado; tú eres mi Elegido.
Todo cuanto Dios hizo, fue hecho para nuestro Señor Jesucristo, por eso es el amado y el Elegido porque la misión que traía al mundo, era la de morir en la cruz, a pesar de que no tenía mancha alguna ni pecado, él en su amor infinito dijo un si para morir por nuestra salvación.
También nosotros somos amados de Dios, él nos ha demostrado hoy y siempre su gran amor y misericordia.
Hemos también sido elegidos desde un principio, desde antes que tuviésemos en el vientre de nuestra madre, para cumplir una misión aquí en la tierra y que nos toca y descubriendo según nuestro caminar con el Señor, de manera que no venimos a este mundo como producto de una casualidad

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