La Palabra meditada

Palabra Meditada - II Domingo Ordinario - Ciclo B

San Juan 1,35 – 42

Al ver que Jesús iba pasando, dijo: Ese es el Cordero de Dios.
Juan reconoce a nuestro Señor como el Cordero de Dios, porque después de su bautismo, oyó la voz que decía este es mi hijo el Elegido.
Los corderos eran usados por los judíos para el sacrificio en el altar y de esta manera se libraban de sus pecados, esto corderos tenían que ser sin deformaciones y sin mancha, Jesús es ese Cordero así lo dice 1P 1,18-19 No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, igual que sus padres, no con algún recate material de oro o plata, sino con la sangre preciosa del Cordero sin mancha ni defecto.
Debemos de reconocer que nuestro Señor Jesús entrego su vida, libremente y siendo inocente, para morir en una cruz para el perdón de nuestros pecados Mt 26,28 nos dice: beban todos, porque esta es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados.
Cuando lo oyeron esos discípulos, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, al ver que lo seguían, les pregunto: ¿Qué buscan?
Nos hemos preguntado ¿Por qué buscamos a Jesús? Sabemos que muchos lo buscan por un interés, será que nosotros realmente lo buscamos, porque estamos verdaderamente arrepentidos de nuestros pecados y ya no soportamos más esa carga y sabemos que solo él nos la puede alivianar.
Vivir en Jesús no es fácil, pero no es imposible, porque tenemos que morir a nosotros mismos y empezar hacer las cosas no como nos gusta o nos gustaría a nosotros, sino como a Dios le agradan, tenemos que aprender amar hasta donde nos duela.
El que ha encontrado a Jesús, ha encontrado un tesoro invaluable, ha encontrado el amor del principio, porque nuestro Señor Jesucristo es el camino a la salvación, es la verdad que realmente hace libre a todo hombre y la vida es la renovación del hombre interior, es decir es la vida en el espíritu que nunca muere y que nos lleva a la vida eterna.
Le contestaron: Rabbi (o sea, Maestro), ¿Dónde vives? Jesús les dijo: Vengan y verán. Fueron y vieron donde vivía.
Si nosotros queremos saber dónde vive Jesús, es fácil encontrarlo, porque él vive entre los más necesitados, por eso él nos dice en Mt 25,35-36 Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y me dieron de beber. Pase como forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropa y me vistieron. Estaba enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de estos dos que siguieron a Jesús por la palabra de Juan.
Es importante ver que Andrés y Juan que eran discípulos de Juan el Bautista, siguieron buscando la verdad hasta que encontraron al Mesías, a eso estamos llamados nosotros, a perseverar en la palabra de Dios, Pro 4,20.21 nos dice: Atiende, hijo mío, mis palabras, inclina tú oído a mis razones. Jamás las pierdas de vista, deposítalas en lo íntimo de tu corazón.
Andrés fue a buscar primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías, al Cristo y se lo presento a Jesús.
Otro lindo testimonio que Andrés nos da, el de ir a buscar primero a un familiar, sé que no es fácil, porque es en la familia donde primero debemos de dar testimonio de nuestro cambio, pero con Cristo todo es posible, porque no podemos ser luz de la calle y oscuridad en nuestra casa.

 

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