La Palabra meditada

La Palabra Meditada - III Domingo de Cuaresma - Ciclo B

San Juan 2,13 – 24

Se acercaba la pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
La pascua de los judíos es la fiesta que celebraba el pueblo de Israel, en conmemoración a su liberación de la esclavitud de los egipcios.
Se sacrificaba un cordero sin defecto, macho y nacido en el año, nosotros celebrábamos esta pascua, porque para todo cristiano, este acontecimiento nos marca la liberación de cada uno de nosotros de la esclavitud del pecado y por consiguiente nuestra reconciliación con Dios y la vida eterna.
Nuestro Señor Jesucristo es ese cordero sin mancha, ni defecto que entrego su vida en la cruz en obediencia al Padre y por su infinito amor y misericordia.
Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y también a los cambistas, sentados detrás de sus mesas.
Nuestro cuerpo es el templo y nuestro corazón es el santuario de Dios, porque es ahí donde se almacena su palabra, Pro 4,20-21 no dice: Atiende hijo mío mis palabras, inclina tú oído a mis razones. Jamás las pierdas de vista, deposítalas en lo íntimo de tu corazón.
Cuando perdemos este sentido, no es Dios lo primero en nuestra vida, en nosotros esta en hacer de nuestro cuerpo un templo o un mercado, Mt 12,35 nos dice: El hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene adentro, y el que es malo, de su fondo malo saca cosas malas.
Hizo un látigo con cuerdas y los echo a todos fuera del templo con ovejas y bueyes, y derribo las mesas desparramando el dinero por el suelo.
Nuestro Señor se enoja, por el celo de que ya ni siquiera respetamos el templo para escuchar la palabra de Dios y guardarla, sino más bien para negocios es decir para dar cabida a otros dioses.
Definámonos pues en lo que realmente deseamos, pero no podemos hablar de la verdad y de la mentira a su vez, Mc 11,17 nos dice: Y les hizo esta advertencia: ¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en refugio de ladrones!
Jesús respondió: Destruyan este templo y yo lo reedificare en tres días.
Jesús es el templo vivo, que se entrega para nuestra salvación, por eso nosotros debemos de cuidar nuestro cuerpo, porque tiene un gran precio. Ahora nosotros somos templos de Dios, 1Co 3,16-17 nos dice: ¿No saben ustedes que son Templo de Dios, Y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Al que destruya el templo de Dios, Dios lo destruirá. El Templo de Dios es santo, y ese templo son ustedes.
Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que alguien le informara de los otros, porque él sabía lo que hay en el hombre.
Nuestro Señor sabe en quién puede confiar y también sabe que es lo que hay en el interior de cada uno de nosotros, el conoce nuestros pensamientos, sabe quién le busca por conocerle y crecer espiritualmente y también sabe quiénes le buscan por otros intereses, Gal 6,7-8 nos dice: No se engañen: nadie se burla de Dios. Se cosechara de lo que se siembra. El que siembra para la carne, cosechara de la carne. El que siembra para el espíritu, cosechara del Espíritu la vida eterna.
Tomemos a Dios en serio, pues el tercer mandamiento nos dice que no podemos usar el Nombre de Dios en vano.

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