La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Domingo de Resurrección - Ciclo B

San Juan 20,1 – 9

El Primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue a visitar el sepulcro. Vio que la piedra de entrada estaba removida.
Que hacemos cuando nos levantamos muy temprano, será que nos ponemos a orar, para darle gracias al Señor por ese nuevo día, para decirle que su santo espíritu guie nuestros pasos y nos llene de su sabiduría para poderle servir en su viña o simplemente comenzamos a adorarle.
Porque buscar a nuestro Señor en el sepulcro y no buscarle entre los vivos, porque él es la luz que brilla en medio de las tinieblas, es la luz que da vida a todo hombre, Lc. 24,5 nos dice: Se asustaron mucho, y no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Ellos les dijeron: ¿Porque buscan entre los muertos al que vive?
Muchos hermanos aun creyendo se ven como muertos en sepulcros, porque talvez la palabra de Dios no ha llegado con fuerza a su corazón y viven más en la tradición que en la vivencia de la palabra, Ef. 5,14 nos dice: Por eso se dice: Tu que Duermes, despiértate, levántate de entre los muertos, y la luz de Cristo brillara sobre ti.
Los que así viven deben de remover la piedra de su corazón, para darle cabida a todas la promesas que nuestro Señor tienes preparadas, especialmente la que dice: y a todos aquellos que creyeron en su santo Nombre les concedió ser hijos de Dios.
Encuentran el sepulcro vacío, los lienzos tumbados y el sudario enrollado.
Nuestro Señor resucito y este debe de ser motivo de mucha alegría y esperanza para todos, pues él ha vencido la muerte y no lo hizo a fuerza de espada, lo hizo entregando su vida por amor a una muchedumbre, como dice su palabra venció el mal a fuerza de bien.
Nuestra fe está en creer que si Cristo murió y resucito de entre los muertos, también nosotros resucitaremos en él para la vida eterna, Col 3,1-2 nos dice: Así pues, si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha de Dios; piensen en las cosas de arriba y no en las de la tierra.
Esto nos da a entender que debemos morir al hombre viejo, es decir quitar de nuestra vida todas aquellas cosas que van en contra de su voluntad,porque ahora en Cristo somos nuevas criaturas y juntos compartiremos su gloria y ya nada ni nadie nos podrán separar de su amor, porque somos parte de su cuerpo donde él es la cabeza que nos dirige y nos ha reconciliado con el Padre.
El otro discípulo, que había llegado primero, entro a su vez, vio y creyó.
No solo basta con ver, con decir ando con Jesús o con estar metidos todos los días en la iglesia, si somos seguidores de Cristo debemos de creer en él y depositarle toda nuestra confianza, debemos de hacer todo cuanto nos manda, porque él nos dice que si queremos seguirle, nos neguemos a nosotros mismos y tomemos la cruz de cada día.
Podemos decir es difícil creer de esta manera, pero en el amor en Cristo Jesús todo es posible, Fil 4,13 nos dice: Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.

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