La Palabra meditada

La Palabra Meditada - IIDomingo de Pascua - Ciclo B

San Juan 20,19 – 31

La tarde de ese mismo día, el primero de la semana, los discípulos estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se hizo presente allí, en medio de ellos.
¿Porque todavía tenemos miedo, si estamos con Cristo? Será porque nos estamos descuidando de su palabra y nuestra fe esta desnutrida, recordemos que la fe solo se obtiene por escuchar la palabra de Dios, pidámosle al Señor que nos aumente la fe, como le dijo aquel padre de familia, Señor creo en ti pero aumenta mi débil fe.
Necesitamos ser perseverantes en mantener viva la palabra, pues la palabra es luz que nos ilumina, la palabra es amor y el amor hecho fuera todo temor.
Les dijo: paz sea con ustedes, y la paz este con ustedes.
Nuestro Señor no quiere que estemos inquietos y preocupados, él sabe que tendremos problemas en el mundo, por eso él nos llama a tener paz, pero no para tenerla guardada, debemos de usarla tanto para tiempos buenos como para los tiempos malos, recordemos que él nos dice en Jn.14,27 Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes ni angustia ni miedo.
Que significa para nosotros tener la paz de Jesús y no la del mundo, significa que debemos de confiar en lo que nos dice en su palabra, Fil 4,7 nos dice: Entonces la paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardara su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Si estamos en Cristo seamos prevenidos, y actuemos como piedras sólidas, de manera que cuando vengan las tormentas nada ni nadie nos ara temblar, por eso él nos lo dice en Jn.16,33 Se lo he dicho todo para que tengan paz en mí. Ustedes encontraran persecuciones en el mundo, pero ¡sean valientes! Yo he venido al mundo.
Así como el Padre me envió a mí, así los envió a ustedes: Dicho esto soplo sobre ellos: Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados.
Como dice una canción ahora me toca a mí, si nos toca anunciar la palabra de Dios, y debemos de hacerlo con mucha alegría porque el Señor no nos ha enviado solos, nos ha dado al Espíritu Santo del cual somos templos, nosotros debemos de darle a él la autoridad sobre nuestra alma y cuerpo, para no ser confundidos.
Si hacemos vivenciales sus frutos en nuestras vidas seremos capaces de anunciar el amor de Cristo adonde vayamos, Gal 5,25 nos dice: Si vivimos por el Espíritu, dejémonos conducir por el Espíritu.
Debemos de aprender a perdonar, de lo contrario no entraremos al Reino de Dios, porque en el amor de Cristo todo se puede, Col 3,13-14 nos dice: Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdono, a su vez, hagan lo mismo. Haciendo todo con amor, todas las cosas concurrirán a la unidad y alcanzaran la perfección.
Tomas exclamo: Tú eres mi Señor y mi Dios. Jesús le dijo: Tú crees porque has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!
Es fácil decir con nuestros labios “Señor mío y Dios mío” pero para hacerlo debemos de estar seguros que creemos en nuestro Señor, y sabemos que esto significa entrar en un proceso de madurar nuestra fe para ello necesitamos poner de nuestra parte mucha constancia y morir al hombre viejo y nacer de las cosas de arriba.

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