La Palabra meditada

La Palabra Meditada - VI Domingo de Pascua - Ciclo B

San Juan 15,9 – 17

Yo los he amado a ustedes como el Padre me ama a mí: permanezcan en mi amor.
El amor de nuestro Señor Jesús hacia nosotros ha sido incondicional y esto se demuestra, cuando su palabra nos dice que vino a la tierra y los suyos no le recibieron, cundo entrego su vida por amor en la cruz y lo sigue haciendo haya a la derecha del Padre intercediendo por cada uno de nosotros.
Permanecer en el amor de Cristo es que debemos comportarnos como él se portó, decir entonces que somos cristianos es imitar a Jesús, entonces nuestro amor debe de ser como nos dice 1Co 13,7 El amor disculpa; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
Si guardan mis mandatos, permanecerán en mi amor, así como yo permanezco en el amor del Padre, guardando sus mandatos.
Guardar los mandamientos de Jesús es amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, 1Jn.2,4-5 nos dice: Si alguien dice: Yo lo conozco y no cumple sus mandatos, es un mentiroso y la verdad no está en él. Más el que guarda su palabra, ese ama perfectamente a Dios.
Entonces permanecer en el amor de Jesús, es hacer su voluntad, es seguir su camino, pues es en el donde encontraremos la salvación, la reconciliación con nuestro Padre y la vida eterna.
Yo les he dicho todas estas cosas para que en ustedes este mi alegría, y la alegría de ustedes sea perfecta.
Con estas frases que Nuestro Señor nos dice no podemos percibir a un cristiano triste, temeroso o sintiéndose digno de lastima, pues nuestro Señor Jesús nos llama a estar alegres, no importa por el momento en que estemos pasando, pues estamos con Cristo Jesús y nada ni nadie nos va a separar de su amor, él ya nos mostró con su muerte y resurrección que ha vencido la muerte, ya tenemos el recibo con el sello de su sangre con el que fue pagado el precio de nuestra salvación, entonces porque estar tristes si con Cristo Jesús saldremos siempre victoriosos, 2Co 6,10 nos dice: Nos creen afligidos, y permanecemos alegres; tenemos apariencia de pobres, y enriquecemos a muchos; pareciera que no tenemos nada y todo lo poseemos.
Procuremos estar alegres en todo momento, mostrándonos el amor de Cristo Jesús entre hermanos, con esto se cumplirá en nosotros la promesa que él nos dice en 1Jn.3,24 El que guarda sus mandatos permanece en Dios y Dios en él. Y por el Espíritu que Dios nos ha dado sabemos que el permanece en nosotros.
Les digo: amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.
Jesús nos llama amigos, pero su amistad es gratis y es eterna, mostrándonos toda la verdad que Dios Padre le confirió a él, sin reservarse nada, él nos da toda confianza si seguimos sus mandatos.
Ustedes no me escogieron a mí. Soy yo quien los escogí a ustedes y los he puesto para que vayan y produzcan frutos y ese fruto permanezca.
No somos casualidad, hemos sido escogidos por Jesús, con un propósito y es el de enseñarles a otros hermanos los mandamientos del amor, pero para ello primero debemos de ser testimonios de ese amor, no con palabras, sino que con obras.
Y quiero que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se los de.
Jesús desea que nuestra vida sea plena y por eso nos da su promesa de que todo cuanto pidamos al padre él nos concederá, claro que este nos es un pedir por pedir, es olvidarnos de nosotros mismos y pedir que siempre se haga la justicia de Dios, especialmente entre los más necesitados.

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