La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Pentecostes - Ciclo B

San Juan 20,19 – 23

Los discípulos estaban a puertas cerrada por miedo a los judíos. Jesús se hizo presente allí en medio de ellos.
Si estamos con Jesús no hay porque temer, pues el solo tener su presencia, no hace saber que estamos en su cobertura, Is 41,10 nos dice: No temas, pues yo estoy contigo, no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios, y yo te doy fuerzas, yo soy tu auxilio y con mi diestra victoriosa te sostendré.
Abrámosle las puertas de nuestro corazón al Señor, pues él tiene cosas grandes y maravillosas para nuestras vidas, no limitemos nuestra fe pues es el arma que Dios nos ha dado para creer, hasta en lo que no vemos, Heb 11,1 nos dice: La fe es la manera de tener lo que esperamos, el medio para ver lo que no vemos.
No demos testimonio de cristianos vencidos, al contrario debemos de presentarnos ante nuestros hermanos siempre animosos y haciéndoles ver que si estamos en Cristo hemos elegido el único y mejor camino, mediante el cual encontraremos la salvación y la vida eterna.
Les dijo: La paz sea con ustedes. Después de saludarlos les mostro las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor.
El Señor nos ha dejado su paz y sabemos que esta la mantendremos siempre y cuando andemos en la verdad, en el momento que nos salimos de ella la perdemos, porque la paz que ofrece este mundo es bajo engaños y mentiras y al final nos damos cuenta que no somos libres, la paz de Cristo Jesús nos guarda así lo dice Fil 4,7 Entonces la Paz de Dios, que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardara su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Así como el Padre me envió a mí así los envió a ustedes.
Los que vivimos en Cristo somos nuevas criatura y hemos dejado atrás muchas cosas que nos apartaban del amor de Dios, hemos encontrado una nueva forma de ser felices aun en medio de pruebas, y sabemos que al final obtendremos la victoria junto a Jesús, esto es lo que debemos de anunciarles a otros hermanos, a esto nos envía nuestro Señor, a mostrar su amor a todos los rincones pero con un testimonio de felicidad y no de viernes santo.
Dicho esto, soplo sobre ellos: Reciban el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo como lo sabemos todo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo por tanto no es un don, es una persona que está en nosotros, de manera que no podemos decir ven Espíritu Santo, porque ya está, ya ha venido, que lo mantengamos dormido dentro de nosotros ya es otra cuestión, 1Co 6,19 nos dice: ¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que Dios mismo puso en ustedes? Ustedes ya no se pertenecen a sí mismo.
El Espíritu Santo es el consolador que estará siempre en nosotros porque Cristo Jesús nos lo prometió, por eso él nos decía que no íbamos a quedar solos, el viene a revelarnos y a mostrarnos todas sus palabras Jn. 14,26
A quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no liberen de sus pecados, queden atados.
El testimonio que nuestro Señor Jesús que en su amor nos mostró, siempre fue el de perdonar y liberar, de manera que no estamos llamados a maldecir y mucho menos a decirle a un hermano te perdono pero, debemos de hacer en todo lo posible de vivir reconciliados y en paz con todo nuestros hermanos.
Jesús le Dijo: Tú crees porque has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!
Somos felices, porque no necesitamos verlo, sentimos su amor, su presencia con su espíritu que llevamos dentro, su gracia y sobre todo sabemos que él es el Hijo Unigénito de Dios que vino a este mundo a salvarnos y a reconciliarnos con nuestro Padre.

 

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