La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Corpus Christi - Ciclo B

San Marcos 14,12-16. 22-26

Nuestro Señor sabe muy bien en que casa se celebrara la Cena de Pascua, porque es el quien tiene el control de todo, las cosas que ocurrieron no sucedieron por casualidad, ya todo estaba escrito.
Ahora el Señor quiere entrar a nuestra casa, para tomar el control de nuestra vida y nos llama para entrar y compartir con nosotros los alimentos, pero nosotros no le damos ese tiempo, Ap.3,20 nos dice: Mira que yo estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entrare a su casa a comer, Yo con él y el conmigo.
No escuchamos el llamado del Señor, porque estamos más preocupados por el hacer, que por las cosas espirituales, si no andamos en la verdad es difícil escuchar el llamado de Jesús, pero aun así el busca a sus ovejas perdidas, porque como buen pastor no desea que ninguna de sus ovejas se pierda, nuestro Señor es el único camino, por eso quiere entrar a nuestra vida y darnos de ese alimento verdadero.
Muchos decimos que creemos en nuestro Señor, pero no le dejamos que tome el control de nuestra vida, porque no hacemos su voluntad, por eso nuestro Señor nos dice, este pueblo me honra con sus labios pero su corazón está lejos de mí.
Mientras estaban comiendo Jesús tomo pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se los dio, diciendo: Tomen; este es mi cuerpo.
Jesús quiere que comamos su cuerpo y lo representa con el pan, porque él es el pan vivo bajado del cielo y el que lo come tiene vida en él y el que lo come vivirá para siempre.
El Señor quiere que comamos su pan, pero para ello debemos de hacerlo dignamente, es decir que no podemos comerlo si en nuestra vida hay pecado, o si tenemos algo contra un hermano, debemos pues de liberarnos de todo pecado, porque no puede habitar dentro de nuestro propio cuerpo Cristo y el pecado, no podemos atender a dos patrones a la vez, debemos de escoger si queremos las cosas del espíritu o las cosas de la carne, recordando que las cosas del espíritu dan vida y paz y las cosas de la carne nos llevan a la muerte, por eso nuestro Señor nos dice en Jn. 6,27 Afánense, no por la comida de un día, sino por otra comida que permanece y con la cual uno tiene vida eterna. El Hijo del Hombre les da esta comida; él es al que el Padre, Dios, señalo con su propio sello.
Después tomo una copa, dio gracias, se las entrego y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esto es mi sangre, sangre de la Alianza, sangre que será derramada por una muchedumbre.
Nuestro Señor Jesús es el nuevo pacto que Dios hizo entre los hombres para su salvación definitiva, ósea que el que bebe de la sangre del Señor no solo recibe la salvación, sino que también es considerado como hijo de Dios.
En Jesucristo fueron hechas todas las cosas, de manera que él es el único y verdadero mediador y juez entre los hombres y Dios, por eso la palabra nos dice en Jn.3,18 El que cree en él no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado, por no creerle al Hijo Único de Dios.

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