La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XI Domingo Ordinario - Ciclo B

San Marcos 4,26 – 34

Jesús dijo además: Escuchen esta comparación del Reino de Dios.
El Reino de Dios es un Reino celestial, donde algún día estaremos después de nuestra muerte y resurrección, junto a nuestro Señor Jesucristo, es el lugar donde ya no habrá llanto ni desesperación, porque en este Reino ya no cabe el pecado, es un Reino de santidad, Ap. 21,3-4 nos dice: Oí una voz que clamaba desde el trono: Esta es la morada de Dios entre los hombres: fijara desde ahora su morada en medio de ellos y ellos serán su pueblo y el mismo será Dios –con- ellos, Enjugara toda lagrima de sus ojos y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni pena porque todo lo anterior ha pasado.
Un hombre echa semilla en la tierra.
El que siembra la semilla es Dios y esta va a brotar de cualquier manera y a la hora de Dios, la semilla es la palabra y nosotros somos la tierra, ósea no somos nosotros los que la hacemos brotar y crecer la semilla, no tenemos méritos y no nos podemos gloriar, porque toda la honra y la gloria es de Dios.
Cuando la palabra de Dios es sembrada y no hay cizaña esta dará frutos, es decir si en nosotros está sembrada la palabra de Dios, tenemos que madurar y dar frutos, si no damos frutos seremos cortados y echados al fuego, pero para ello habrá un tiempo y esto será en el momento en que la cosecha este lista entonces vendrán los segadores que son los ángeles a cortarla.
Dios necesita de cada uno de nosotros, para que trabajemos para su Reino, porque como nos dice nuestro Señor en Mt 9,37-38 Dijo entonces a sus discípulos: La cosecha es grande, y son pocos los obreros. Por eso ruego al dueño de la cosecha que mande obreros para hacer su cosecha.
Para que la iglesia de Cristo crezca se necesita de cristianos comprometidos y responsables y no de cristianos que solo pasan interesados en ellos mismos o de los que pasan metidos en la iglesia pomponeándose el pecho.
Recordemos lo que nos dice nuestro Señor Jesús en Lc.11,23 Quien no está conmigo, esta contra mí, y quien no junta conmigo desparrama.
El Reino de Dios es semejante a una semilla de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra.
Cristo Jesús es una representación de la semilla de mostaza que vino a este mundo como el más pequeño y con mucha humidad, y creció tanto que nos dio lugar a todos para participar de la salvación y la vida eterna y ahora está sentado a la derecha de Dios Padre.
Esto es lo que Dios pide de nosotros, que nos consideremos pequeños porque grande solo el, que seamos humildes y no que nos estimemos demasiado, Rom. 12,10-11 nos dice: En el amor entre hermanos: demuéstrense cariño unos a otros. En el respeto: estimen a los otros como más dignos. En el cumplimiento del deber: no sean flojos. En el Espíritu sean fervorosos, y sirvan al Señor.
Preocupémonos cada día que el Señor nos brinda, en el crecer en nuestra vida espiritual y a su vez pidámosle a nuestro Señor que nos ayude en nuestras debilidades, pues ellas son la que nos apartan de su amor, seamos hombres inteligentes que construimos nuestra casa sobre roca y de esta forma nada nos apartara del amor de Cristo Jesús.
Recordemos que todo aquello que no entendamos, nuestro Señor nos explicara en privado, porque él no desea que nadie nos confunda, por eso el a sus discípulos les explicaba todo lo que no entendían.

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