La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XIII Domingo Ordinario - Ciclo B

 

San Marcos 5,21 – 43

Llego entonces uno de los dirigentes de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, cuando vio a Jesús se postro a sus pies.
Jairo es un personaje, que a pesar de ser uno de los dirigentes de una sinagoga, es un judío que se humilla al ver a Jesús, Porque como nos dice la lectura, que se postro a sus pies rogándole para que sanara a su hija que estaba agonizando.
¿No se sabe si Jairo se humillo ante Jesús, al ver que a su hija agonizaba o porque realmente era una persona humilde?, pero lo que sí sabemos es que nuestro Señor no nos quiere como dirigentes de boca, sino que nos invita a servir con amor.
Jesús se va con Jairo, pero en el camino y ante tanta multitud que lo seguían, se encontraba una mujer que tenía doce años de padecer de un flujo de sangre y que había gastado toda su fortuna en médicos, pero sin resultados, como había oído lo que se decía de Jesús decidió tocarle el manto, porque pensaba que si tocaba su ropa sanaría y así sucedió.
Aquí se cumple lo que Jesús nos dice en Lc. 8,21 Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra. Esta mujer había escuchado de Jesús que es la Palabra de Dios encarnada y de esta manera fue teniendo fe en él, con esto aprendemos que si somos perseverantes en estar escuchando la Palabra de Dios, nuestra fe se fortalece cada vez más.
Jesús le dijo: Hija tu fe te ha salvado, vete en paz y queda sana de tu enfermedad. Vemos que Jesús le dice tu fe te ha salvado y no tu fe te ha sanado, porque son muchas más las enfermedades que llevamos en el alma y que dan lugar a enfermarnos de nuestro cuerpo, por eso es bien importante nuestra conversión, para que Jesús entre en nuestra vida y nos salve espiritualmente y sane nuestro cuerpo de muchas enfermedades y dolencias que arrastramos por causa del pecado.
A Jairo le notifican que su hija a muerto, Jesús le dice no tengas miedo, solamente fe, la actitud de Jairo solo estaba depositaba en la fe que Jesús le sanaría a su hija, pero después de saber que su hija ya había muerto, no solo tenía fe, sino que también es obediente a lo que Jesús le dice, este es otro factor importante para mantener viva nuestra fe, la de escuchar la Palabra de Dios, pero también el obedecer lo que él nos dice.
Porque son muchos los que escuchan la Palabra de Dios, pero como no la obedecen su vida sigue siendo la misma y lo peor es que aun así esperan un milagro y le reniegan al Señor porque dicen que él no los escucha.
Jesús toma de la mano a la niña y le dice: “Talita kum”, que quiere decir: “niña a ti te lo digo, levántate.” Y ella se levantó al instante y empezó a corretear, pues tenía unos doce años.
No es una casualidad que la mujer tenía doce años de padecer del flujo de sangre y que la hija de Jairo haya tenido doce años cuando Jesús la resucito, pues bien el número doce significa en hebreo el gobierno perfecto, la mujer representa a las doce tribus de Israel que Jesús viene a salvarla y a sanarla es decir a restaurarla y la niña que Jesús dice que no ha muerto sino que está dormida, representa a los doce apóstoles que son los elegidos del Señor para anunciar las buenas nuevas del Reino de los Cielos, representan la iglesia de Cristo que es joven y con ella se marca el pacto de la nueva Alianza de Dios con los hombres y que nada ni nadie podrán destruirla.
Jesús quiere restaurar nuestros hogares, porque él ha venido a salvarnos, pero para ello debemos de serle obedientes en todo momento y escuchar su palabra, pues solo con ella mantendremos viva nuestra fe.

 

Share Button
Powered by Bullraider.com