La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XVII Domingo Ordinario - Ciclo B

San Juan 6, 1 - 15

Nuestro Señor quiere dar de comer a la multitud que lo sigue y le dice a Felipe ¿Dónde podemos conseguir pan para que coman? Felipe le contesta: Doscientas monedas de plata no alcanza.
Nuestro Señor quiere alimentarnos, pero desea que añoremos más el alimento espiritual, que el alimento pasadero, pues con ese alimento él sabe que no desfallaremos y nunca volveremos a tener hambre, Jesús no quiere que nos preocupemos por el alimento pasadero, como lo hicieron nuestros antepasados, él nos dice en Mt 6,25 Por eso les digo: no anden preocupados por su vida: ¿Qué vamos a comer?, ni por su cuerpo: ¿Qué ropa nos pondremos?
Debemos de estar consiente que es lo que buscamos, si es Jesús o a los milagros de Jesús Mt 6,33 nos dice: Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y esas cosas vendrán por añadidura.
Por lo general seguimos la forma de pensar de Felipe, que aun andando con Jesús pensamos en el dinero frente a las necesidades y no confiamos en sus palabras.
En cambio Andrés sabia con quién andaba y puso en práctica la iniciativa, fue a buscar quien andaba algo de comer, porque él estuvo presente en las bodas de cana y miro que si nosotros ponemos una parte, Jesús pone la otra parte, este tipo de hermanos son los que necesitamos en nuestra iglesia, hermanos con los pies en la tierra, pero con la palabra de Dios en su mente y en su corazón, con un espíritu siempre animoso y con la fe que con Cristo todo lo alcanzaremos.
Andrés le dijo al Señor aquí hay un muchacho con cinco panes de cebada y dos pescados, con esto podemos ver que es poco lo que Dios nos pide, pero nosotros nos perdemos, hay veces queremos convertir a muchos hermanos y ni siquiera nosotros mismos estamos realmente convertidos, Dios no nos pide cantidad, sino calidad, Mt 25,21 nos dice: El patrón le contesto: Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu Señor.
Y si leemos detenidamente vamos a observar que es un muchacho el que ofrece los cinco panes y los dos peces, ¿Quién le enseño a este muchacho a dar? aquí nos damos cuenta, que cuando los padres saben dar el ejemplo, sus frutos saltan a la vista; cosas que en la actualidad cada vez se pierden, porque tal vez ya no es Cristo Jesús el verdadero centro de la familia y como sabemos las familias son las células fundamentales de nuestra iglesia.
Por eso es necesario que estas se estén renovando constantemente como nos dice Ef. 4,23-24 Dejen que su mente se haga más espiritual, para que tengan nueva vida, y revístanse del hombre nuevo. Este es al que Dios creó a su semejanza, dándole la justicia y la santidad que proceden de la verdad.
Nuestro Señor realizo el milagro de la multiplicación y nos dice la lectura, que todos recibieron cuanto quisieron, y esta es una realidad si estamos con Jesús siempre recibiremos cuanto queramos, porque hemos decidido estar bajo su gracia y esta vale más que todo lo que podríamos desear.
Dice la lectura que se llenaron doce canastos de los pedazos que sobraron, esta es una representación de los doce apóstoles que alimentaran a su iglesia con ese pan que nunca se volverá a tener hambre, ese es nuestro Señor Jesucristo el pan vivo bajado del Cielo.
Jesús se da cuenta que la gente por la fuerza quiere proclamarlo rey y huye a las montañas.
Nuestro Señor ya es Rey en el Reino de los Cielos, pero él desea ser el rey de nuestra vida pero no por la fuerza, sino con su amor y por nuestra propia voluntad.

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