La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XVIII Domingo Ordinario - Ciclo B

San Juan 6, 24 – 35

Como Jesús no aparecía ni tampoco sus discípulos, esa gente subió a las lanchas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús.
¿Porque buscamos a Jesús? será porque queremos conocerle y empezar hacer las cosas como a él le agrada, deseamos estar en su gracia y servirle como siervos fieles de su iglesia, sabiendo que hay muchos que todavía no le conocen y como hermanos nuestros deseamos que ellos vivan el gozo que nosotros vivimos y que nada ni nadie nos lo quitara.
La gente lo encuentra y Jesús les dice: en realidad, ustedes no me buscan por los signos que han visto, sino por el pan que comieron hasta saciarse.
Jesús nos dice una realidad porque él conoce los corazones de cada uno de nosotros y sabe quiénes los buscamos por un interés meramente mundano y quienes queremos seguirlo, porque deseamos que él sea el Señor de nuestras vidas, sabemos muy bien que no es fácil porque el camino que conduce a la salvación es un camino estrecho, pero si somos perseverantes lo lograremos porque junto a él siempre saldremos victoriosos.
Jesús quiere que veamos sus signos, el realiza muchos prodigios y milagros, hoy en día, pero es para que nosotros creamos que él es verdaderamente el hijo de Dios y que confiemos, porque él es la luz que lo ilumina todo, él es la vida que permanece para siempre y solo con el encontraremos la verdad que nos hace libres.
Jesús no desea vernos afanados y preocupados por lo que vamos a vestir o comer, el desea que nos afanemos por la comida que perdura y nos lleva a la vida eterna, porque él es el único sello de nuestra salvación.
Esta comida que nos ofrece es su palabra, pues solo en ella y mediante la fuerza del Espíritu Santo conoceremos a Jesús, como nos dice Jn. 14,6 Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí.
Los judíos le preguntaron: ¿Qué tenemos que hacer y cuáles son las obras que Dios nos encomienda? Jesús respondió: La obra es esta: creer al Enviado de Dios.
muchos nos equivocamos, porque queremos andar haciendo muchas obras de parte de Jesús, sin conocerle primero a él, y la lectura nos dice que la obra es creer al Enviado de Dios, es decir es creer que todo cuanto Jesús nos diga debemos de obedecerle, como sucedió en las bodas de cana, cuando la virgen María, les dijo hagan lo que él les diga, y ellos fueron donde Jesús y le obedecieron, de esta manera fue como sucedió el milagro, la salvación no consiste en hacer obras, sino más bien consiste en creer que Jesús, es el hijo de Dios y que vino a este mundo no para condenarnos sino para salvarnos, liberándonos de las cadenas del pecado y reconciliándonos con nuestro Padre.
Solo creyendo en nuestro Señor Jesús y manteniendo firmes en la fe en él es como realmente se puede hacer obras.
Venían de ver el milagro de la multiplicación de los panes a más de cinco mil personas y todavía le preguntan a donde están tus señales y obras para creer en ti.
Somos como Tomas que si no vemos no creemos, no comprendemos el lenguaje espiritual, 1Co 2,14 nos dice: El hombre que se quedó en lo humano, no entiende las cosas del Espíritu. Para el son locura y no las puede entender, porque se aprecian a partir de una experiencia espiritual.
Jesús les dijo: Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.
Jesús es el Pan Vivo bajado del Cielo, que viene a fortalecer nuestro cuerpo espiritual para ser saciados para siempre.

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