La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XIX Domingo Ordinario - Ciclo B

San Juan 6,41 -52

Los judíos criticaban porque Jesús había dicho que era el pan bajado del cielo.
Nos Estamos alimentando de ese pan que nos sacia el espíritu y mantiene viva nuestra fe, que es la que nos hace confiar y esperar en cosas que no se ven, pero las sentimos atravez del amor de Dios en nuestros corazones, 2Co 4,18 Nos dice: Nosotros pues, no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo invisible, ya que las cosas visibles duran un momento y las invisibles son para siempre.
Jesús dice nadie puede venir a mi si no lo atrae mi Padre que me envió. Y yo lo resucitare en el último día.
No tenemos mérito alguno, es Dios en su infinito amor el que nos arrastra a Jesús, porque solo en el seremos salvos y reconciliados con nuestro Padre, la palabra nos dice en Is 54,13 Todos tus hijos serán instruidos por Yave, y grande será la felicidad de tus hijos. Te mantendrás firme por la justicia, y no tendrás que temer la opresión; el terror no se te acercara.
Sabemos muy bien que ser cristianos no es algo fácil, no es solo el hecho de decir creo y ya alcanzo la vida eterna, tenemos que despojarnos de muchas cosas que no tienen cabida en el Reino de Dios, la habitación de nuestro corazón debe de estar vacía, para que nuestro Señor se posesione de él y tome el control de nuestra vida, como nos decía San Pablo ya no vivo yo, sino que es Cristo el que vive en mí, con nuestro Señor nos hemos liberado de la esclavitud del pecado y ahora somos libres y estamos en su gracia.
Jesucristo se proclama como el pan de vida, porque él es el único alimento que sustenta nuestra vida espiritual, es decir que sin el nada somos.
Podremos estar aquí en la tierra afanándos por saciarnos del pan material, pero nos pasara lo mismo que al pueblo de Israel, que Dios Padre les mando el mana en el desierto, pero ese alimento no era duradero, que solo saciaba el hambre del momento, el Señor no ha venido aquí a la tierra para que nos conformemos con ser simples hombres mortales, él es alimento que no solo nos da vida verdadera, él nos ofrece la vida que perdura hasta la eternidad.
Acerquémonos pues a Jesús con mucha humildad y con un corazón sincero, para que seamos saciados de ese pan que es la palabra de Dios, porque como nos dice Mt 24,35 Pasaran el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasaran.
El pan que yo les daré es mi carne, y la daré para la vida de este mundo, por esto los judíos se escandalizaron porque pensaban que Jesús les iba a dar de comer carne, pero nunca comprendieron que él se refería a su carne que iba a ser sacrificada hasta morir en la cruz, para limpiarnos de todo pecados ante nuestro Dios, Mt 26,26- 28 dice: Mientras comían, Jesús tomo pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Después, tomando una copa de vino y dando gracias, se las dio diciendo: Beban todos, porque esta es mi sangre, la sangre de la alianza que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados.
Por eso ahora todos los que creemos en él, sabemos que el suple todas nuestras necesidades de hambre y de sed espiritual, porque estamos injertados en él, ósea permanecemos en él y el permanece en nosotros, él es la Vid Verdadera y solo en el podemos dar frutos, para la gloria de Dios Padre.

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