La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XX Domingo Ordinario - Ciclo B

San Juan 6,51 – 58

En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no viven de verdad.
Las palabras que nuestro Señor les dice a los judíos, son la esencia de lo que significa ser cristiano, hoy en día somos muchos los que nos llamamos cristianos, porque solo oímos de Jesús y con eso nos conformamos, con tal de seguir viviendo a nuestra manera, pero comer la carne y beber la sangre de Jesús no es fácil, porque debemos de hacer lo que él nos manda, como el hecho de amar sin esperar nada a cambio, perdonar, poner la otra mejilla, no juzgar, dejarlo todo, cargar con nuestra cruz de cada día, pero sin renegar de ella, negarse a uno mismo y así como estas palabras que nos dice nuestro Señor, hay muchas más en la sagrada biblia, pero también nos dice la manera de cómo lo podemos lograr.
Muchos escudriñan la palabra de Dios, buscando un interés propio y muestran un cristianismo fácil, ellos solo se acomodan a lo que sus oídos quieren oír, si la palabra les toca las llagas entonces no es para ellos.
Nuestro Señor nos llama a vivir de la verdad, y esto significa que cuando venimos de una verdadera conversión en nuestra vida no cabe más la mentira, porque el dueño de la mentira es satanás.
Y es que vivir en la verdad significa vivir en Jesús, por eso si estamos con Cristo, no podemos andar a medias, no podemos vivir con dos patrones a la vez, nuestro Señor nos llama a amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra fuerzas, con todo nuestro entendimiento.
Mi carne es comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera.
A los que vivimos en la Verdad Jesús nos llama discípulos, es decir nuestro Señor nos hace un llamado a imitarlo Jn. 8,31-32 Jesús dijo entonces a esos judíos que creían en él: Ustedes serán mis verdaderos discípulos si guardan siempre mi palabra; entonces conocerán la Verdad, y la Verdad los hará libres.
La carne y la sangre de nuestro Señor nos da la salvación y la vida eterna, la Samaritana bebió del agua que Jesús le ofreció y nunca más volvió a tener sed, porque comprendió que Jesús era la verdad.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él.
La palabra permanecer significa quedarse, vemos como hermanos, han estado en el caminar, pero que por las circunstancias de la vida se retiran, y por lo general a los que seguimos nos da tristeza, la palabra nos dice en 1Jn. 2,19 Ellos salieron de entre nosotros mismos, aunque realmente no eran de los nuestros. Si hubieran sido de los nuestros, se habrían quedado con nosotros. Al salir ellos, vimos claramente que entre nosotros no todos eran de los nuestros.
Decimos que permanecemos en Cristo, cuando inseparablemente estamos ligados a él en todas las áreas de nuestra vida, porque en él está todo el amor y la plenitud de Dios y solo en el podemos producir frutos de vida en el espíritu en Jn. 15,7 nos dice: Si se quedan en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, todo lo que deseen lo pedirán, y se les concederá.
El que come de este pan vivirá para siempre.
Vivir para siempre es vivir en la eternidad de Dios, donde ya no hay más llanto ni desesperación, donde la polilla y el ladrón ya no pueden llegar.

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