La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XXI Domingo Ordinario - Ciclo B

San Juan 6,60 – 69

Cuando oyeron todo esto, muchos de los que habían seguido a Jesús dijeron: ¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién puede sufrirlo?
Cuando no estamos llevando verdaderamente a Jesucristo en nuestro corazón, todo lenguaje que nos encare con la verdad en nuestra vida, como que no nos gusta, porque solo queremos oír lo que nos agrada, esta es la razón por la que muchos hermanos andan de iglesia en iglesia, andan buscando que les hablen de un cristianismo acomodado, sin sacrificio y sin compromiso.
Les desconcierta lo que les he dicho.
Las palabras de Jesús son duras y pueden desconcertarnos, como dice Heb 4,12 La palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo. Penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, sondeando los huesos y los tuétanos para probar los deseos y pensamientos más íntimos.
Para comprender la palabra necesitamos vivir a Cristo y reconocerlo como el Hijo de Dios que vino a salvarnos a este mundo rescatándonos del pecado y reconciliándonos con Dios.
El Espíritu es quien da vida, la carne no sirve de nada.
Los deseos de la carne solo nos arrastran a la esclavitud y la perdición como nos dice Gal 5,19 -21 Es fácil ver lo que viene de la carne: Libertad sexual, impurezas y desvergüenzas; culto de los ídolos y magia; odios, celos y violencia; furores, ambiciones, divisiones, sectarismo, desavenencias, y envidias; borracheras, orgias y cosas semejantes.
El espíritu en cambio nos da vida, por eso nuestro Señor nos dice en Jn.3,5 Jesús contesto: En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Recordemos que somos bautizados en nuestra iglesia, para ser reconocidos como Hijos de Dios, que es quien nos da la vida, por medio de su Santo Espíritu, y es quien nos va guiando a las cosas de arriba y nos hace dar frutos, Gal 5,22-23 dice: En cambio, el fruto del Espíritu es: caridad, alegría y paz; paciencia, comprensión de los demás, bondad y fidelidad; mansedumbre, y dominio de sí mismo.
Agrego: ¿No les he dicho que nadie puede venir a mí si mi Padre no le ha concedido esa gracia?
Ya hemos dicho que no somos nosotros los que buscamos a Cristo es él quien nos busca por su infinita gracia, en Ap. 3,20 nos dice: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entrare a su casa a comer. Yo con él y el conmigo.
Jesús pregunto a los doce ¿Quieren dejarme también ustedes? Pedro contesto: Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Que bonitas las palabras que Pedro le contesto a nuestro Señor, pero no solo tiene palabras de vida eterna, sino que también él nos formó, nos conoce muy bien a cada uno hasta por nuestro nombre y como él nos dice en Lc. 21,33 El cielo y la tierra pasaran, pero mis palabras no pasaran.
Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
Los apóstoles convivieron con Jesús y por eso sabían que era el Santo Dios, nosotros creemos y sabemos que Jesús es el Santo de Dios, por la fe y el conocimiento que vamos adquiriendo de la sagradas escrituras, inspirada por Dios atravez del Espíritu Santo, como nos dice 1 P 1,8-9 A Cristo Jesús no lo han visto y, sin embargo lo aman: no lo ven todavía, pero si creen, y por eso sienten una alegría celestial que no se puede expresar, mientras alcanzan como premio de su fe la salvación de sus almas.

Share Button
Powered by Bullraider.com