La Palabra meditada

La Palabra Meditada -XXVIII Domingo Ordinario - Ciclo B

San Marcos 10,17 – 30

Maestro bueno, ¿qué tengo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Uno solo es bueno, y ese es Dios.
Debemos de comprender que Jesucristo es el mismo Dios que es tan bueno como el Padre, pero aun así en su gran respeto considera que solo Dios es bueno, el Sal 25,8 nos dice: El Señor es bueno y recto; por eso muestra el camino a los extraviados.
Sabemos que porque una persona va a la iglesia, no lo podemos considerar bueno o porque se sabe la biblia cumple con lo que la palabra dice, la cuestión no es la de denigrar y decir quiénes son buenos y quienes malos, el conoce nuestro corazón a la larga es el Señor, esto se trata más de demostrar el verdadero amor al prójimo, como sucedió con este joven que se acercó a Jesús, sabiendo todos los mandamientos y diciendo que los cumplía y sin embargo, se fue triste.
La lectura nos dice: El otro le contesto: Maestro, todo esto lo he practicado desde muy joven.
Y lo que el joven le dice a Jesús tal vez era cierto, que había practicado los mandamientos, pero con la boca, porque su corazón estaba muy lejos de cumplirlos, igual pasa en nuestros días, que queremos ocupar los primeros puestos, porque creemos saber todo de Dios, llegando incluso a hacer a otros hermanos de menos, cuando Jesús lo que desea es que entre más creemos conocerle, nos hagamos más humildes y le sirvamos a los demás, como nos dice la palabra que debemos de tener una actitud más comprensiva con los de conciencia débil en vez de criticarlos.
El que dice ser cristiano sabe que tiene que hacer la voluntad de Dios, en 1P 2,12 nos dice: Lleven una vida ejemplar en medio de los que no conocen a Dios; esos mismos que a ustedes los calumnian y los tratan de malhechores, notaran sus buenas obras y darán gloria a Dios en el día en que los visite.
¡Que difícilmente entraran en el Reino de Dios los que tienen las riquezas!
La lectura no nos dice que los que tienen riquezas no van a entrar en el Reino, sino que es más difícil, por el apego a ellas como le sucedió al joven, que Jesús lo mando a vender todo cuanto poseía y dárselo a los pobres.
El joven se fue triste, con esto nos está dando a entender que la vida no está en el poseer riquezas materiales, por eso en 2Tim 6,9-10 nos dice: En cambio, los que quieren ser ricos caen en tentaciones y trampas; una multitud de ambiciones locas y dañinas los hunde en las ruinas hasta perderlos. Está comprobado que la raíz de todos los males es el amor al dinero.
En la vida hay riquezas y pobrezas espirituales y también hay riquezas y pobrezas materiales, la idea de nuestro Señor es que nos ayudemos mutuamente unos con otros, pero para esto necesitamos pedirle al Señor que nos de sabiduría, para actuar conforme a su voluntad, en Sgto. 3,17-18 Mientras que la sabiduría que viene de arriba es rectitud, paz, tolerancia y comprensión. Está llena de compasión y produce buenas obras. No es parcial ni hipócrita. La justicia se siembra en la paz y da fruto a los artesanos de la paz.
Recordemos que el Señor por medio de su Santo Espíritu nos ha regalado muchos dones y estos no son para beneficio propio, si no para que su iglesia crezca, asimismo los que poseen riquezas, deben de considerar que tienen este don para saberlo administrar con los desposeídos y no para guardárselo.
Jesús nos hace ver, que aun los ricos pueden alcanzar la salvación si se enmiendan, porque para lo que el hombre es imposible, para Dios todo es posible, y la promesa que nos hace nuestro Señor, para los que lo han dejado todo, recibirán cien veces más en la presente vida y en el mundo venidero recibirá la vida eterna.

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