La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XXX Domingo Ordinario - Ciclo B

San Marcos 10,46 – 52

Jesús llega a Jericó y se encuentra con un ciego llamado Bartimeo.
Bartimeo como dice la lectura era un ciego, que se dedicaba a pedir limosna y estaba sentado a la orilla del camino,
Hay hermanos que están ciegos físicamente y hay otros que su ceguera es espiritual y es más dañina esta última, estos hermanos no meditan ni reflexionan como están llevando su vida, ni a quien están agradando, lo importante para ellos es vivir y aprovechar todo de la vida, algunos de estos hermanos que tienen esta ceguera ya no quieren seguir viviendo de esta manera y por eso se paran a la orilla del camino para pedir ayuda, como lo hizo este ciego y como nos dice la palabra el que busca allá y el que toca a una puerta se le abrirá, el que busca de Dios nunca será defraudado.
En este milagro de Bartimeo, Podemos aprender muchas cosas, como es el hecho de estar a la orilla del camino, pero en su encuentro personal con Jesús deja la orilla y se pone en el camino, cuantos de nosotros necesitamos de ese encuentro personal con Jesús, para estar en el camino de la salvación, porque como nos dice Jesús en Jn. 14,6 Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí.
Es de mucha importancia para nosotros ver la fe que tiene Bartimeo, que conocía de Jesús y se puso a gritarle en medio de la multitud, ¡Jesús Hijo de David ten compasión de mí! Hasta que nuestro Señor le escucho sus gritos.
Cada día que Dios nos da, debemos de aprovechar para pedirle a nuestro Señor que nos tengan compasión, que nos arrepentimos de todos nuestros pecados y que lo aceptamos como nuestro Señor y salvador, porque nadie sabe la hora ni la fecha en que todo dejara de ser.
A Bartimeo no le importo que la gente le dijera que se callara, el con mucha fe gritaba, nosotros no debemos temer cuando pasamos por dificultades, y mucho menos desmoralizarnos y apagar nuestra fe, por el contrario es cuando más debemos de aferrarnos y perseverar en el Señor, como nos dice el Sal 23,4 Aunque pase por quebradas muy oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo, tu bastón y tu vara me protegen.
Jesús llama a Bartimeo. Y el arrojando su manto, de un salto se puso de pie y llego hasta Jesús; ese momento de dejar el manto, nos indica que cuando el Señor nos llama, tenemos que dejar cosas, que son las que nos están causando daño y no nos dejan ver las cosas espirituales, a Moisés Dios le dijo que se quitara las sandalias, Ex 3,5 El respondió: Aquí estoy. Yave le dijo: No te acerques más. Sácate tus sandalias porque el lugar que pisas es tierra sagrada.
Jesús le pregunto: ¿Qué quieres que te haga? El ciego respondió: Maestro que yo vea. Entonces Jesús le dijo: Puedes irte tu fe te ha salvado.
Hay tres formas de ver las enfermedades, las de nacimiento, las normales y las provocadas por el pecado, las tres con mucha fe son sanadas por Jesús.
Por la respuesta que le da Jesús, se nota que la ceguera de Bartimeo era más por una enfermedad de pecado, porque Jesús no le dice tu fe te ha sanado, sino tu fe te ha salvado.
Son muchas las enfermedades que aparecen, que son provocadas más por nuestros pecados, como el rencor, odio, celos, alcoholismo, adulterio, prostitución, el apego al dinero, etc. Y estas nos apartan del amor de Dios.
Al instante vio y se puso a caminar con Jesús.
A eso vino Jesús al mundo a limpiarnos del pecado, para que nos pongamos junto con él en el camino hacia el Padre y que aprendamos a ser felices; desde ya aquí en la tierra, y esta felicidad se aumenta cada día más que testificamos nuestra nueva forma de vivir.

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