La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XXXII Domingo Ordinario - Ciclo B

San Marcos 12,38 – 44

También en sus enseñanzas Jesús les decía: Cuídense de los maestros de la ley.
Los maestros de la ley sabían de las Escrituras, ellos las enseñaban pero no las cumplían, en Mt 23,3 Jesús les dice al pueblo: Hagan y cumplan todo lo que les dicen, pero no los imiten, ya que ellos enseñan y no cumplen.
Lastimosamente hoy en día existen todavía este tipo de personas, que están metidas dentro de la iglesia y que hablan maravillas de Dios pero su corazón está lejos de él.
Son personas que viven de la apariencia, ustedes los miran en la iglesia hasta con la aureola de santos, pero se los encuentra en la vida pública con un testimonio diferente al que presenta en la iglesia, Jesús les llama en Mt 23,13 en adelante: Hipócritas, ciegos, sepulcros blanqueados, ustedes aparecen exteriormente como hombres religiosos, pero su interior está lleno de hipocresía y maldad.
Por ellos muchos hermanos que comienzan el caminar de la vida cristiana se retiran, debemos de tener mucho cuidado del testimonio que damos si nos consideramos verdaderos cristianos, porque nuestro Señor nos dice en Mt 18,6 Si alguien hace tropezar y caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más hondo del mar.
Jesús nos llama a ser últimos y a servir a los demás, como el mismo lo hizo por cada uno de nosotros, no necesitamos hacernos llamar discípulos, apóstoles o profetas, pues lo que necesitamos es de un verdadero arrepentimiento, una verdadera conversión y como dice Lc. 17,10 Esto vale para ustedes. Cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: Somos servidores que no hacíamos falta; solo hicimos lo que debíamos de hacer.
Jesús nos habla sobre la ofrenda que da la viuda él nos hace ver en la lectura que la mayoría da de lo que le sobra; ella, en cambio, ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir.
A Dios no le interesan las ofrendas que le podamos dar, lo que a él, le interesa es que lo pongamos en el primer lugar en nuestra vida, como lo demuestra esta viuda que dio todo lo que tenía y sin esperar nada a cambio, porque para ella Dios era primero, y eso es lo que él quiere, que le amemos con todo nuestro ser y que nos abandonemos en sus manos, esta es la fe a la que nosotros como cristianos deberíamos de aspirar.
Dios no quiere que le hagamos sacrificios, en Rom. 12,1-2 nos dice: Les ruego, pues, hermanos por la misericordia de Dios, que se entreguen ustedes mismos como sacrificio vivo y santo que agrada a Dios: ese es nuestro culto espiritual. No sigan la corriente del mundo, más bien transfórmense por la renovación de su mente. Así sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto.
Si nos fijamos bien, siempre hay algo que dar, pero con amor, como lo hizo esta viuda y no creo que lo último que tenía para dar lo dio con tristeza, me imagino que lo dio con mucha alegría, como nos dice 2Co 9,7 Cada uno de según lo decidido personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría.
Nosotros a ejemplo de Cristo debemos de dar hasta donde nos duela, como el que dio su vida en la cruz, por cada uno de nosotros.

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