La Palabra meditada

La Palabra Meditada - I Domingo de Adviento - Ciclo C

San Lucas 21,25 – 28.34-36

Entonces habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra se angustiaran los pueblos, asustados por el ruido del mar y de las olas.
Dios es tan rico en misericordia, que nos dice que cuando sucedan estas cosas nos mandara señales para que no nos angustiemos, pues él tiene guardados a sus hijos, para que estemos prevenidos, pero aquellos que están fuera de su camino, aquellos que no se han arrepentido de sus pecados y no han reconocido de corazón a Jesús como su Señor y salvador, esos si se angustiaran y se asustaran, porque su mirada siempre ha estado en este mundo pasajero.
Son ciegos y su espiritualidad es vacía, porque su confianza no la han puesto en Dios, hablan de Jesús pero de labios porque con su corazón no lo testifican.
No podemos vivir a expensas de Dios, Jn. 6, 35 nos dice: Jesús les dijo: Yo Soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.
Nuestro Señor viene a saciarnos de su amor y en el amor ya no hay temor, porque sabemos que nada ni nadie nos apartaran de él, estamos revestidos de su luz y las tinieblas no podrán contra nosotros, porque él es la luz verdadera que vino a darnos vida y vida en abundancia.
Los que tenemos a Jesús tenemos esa luz, para no caernos, ni perdernos en los momentos de prueba, por el contrario estamos llamados a ser luz para el mundo, luz para poder ver y ayudar a muchos hermanos caídos.
Pero para tener ese amor y esa luz de nuestro Señor en nuestra vida, tenemos que confiar y permanecer en el, al pueblo de Israel, Dios le prometió que iba a enviar un mesías, un salvador y ellos confiaron en lo que Dios les había prometido y la promesa se cumplió.
Sé que el camino para ser un cristiano verdadero no es fácil, y que Dios nos dice que seamos santos como él lo es, pero para lo que nosotros es imposible para Dios todo es posible, por tanto lo único que nos puede mantener firmes es la fe que depositamos en nuestro Señor, y que para poseerla, su palabra nos dice que la fe viene o entra por escuchar la palabra de Dios y sin ella es imposible agradarlo, Heb 11,6
Los hombres morirán de espanto con solo pensar en lo que le espera al mundo, porque las fuerzas del universo serán conmovidas.
Tal vez esto sucedió cuando la destrucción de Jerusalén, lo que sí es claro es que cuando se cumpla el final de los tiempo, Jesucristo vendrá de nuevo, pero nadie sabe la hora y la fecha, ni siquiera Hijo, esto solo lo sabe el Padre, por eso es bien importante mantener viva nuestra fe en el Señor, para que su Santo Espíritu nos llene de paz, justicia y sobre todo de su amor, que es el que siempre permanecerá, puede ser que en esos tiempos la oscuridad que vivan los hombres se deba a la pérdida total de la fe.
Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones.
El Señor nos llama a no confiarnos, porque Satanás es astuto, y está interesado por aquellos que son fieles al Señor y trata de ver la forma de cómo hacerlos caer y destruir su fe, que es el arma más poderosa de todo cristiano.
Por eso estén vigilando y orando en todo tiempo para que se les conceda escapar de todo lo que debe suceder, y puedan estar de pie delante del Hijo del Hombre.
Como vemos el Señor en su rica misericordia no quiere que ninguno de sus hijos se pierda, por el contrario nos da todas las pautas para que estemos preparados para su venida.

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