La Palabra meditada

La Palabra Meditada - IV Domingo de Adviento - Ciclo C

San Lucas 1,39 – 45

Dijo María: Yo soy la servidora del Señor; hágase en mi lo que has dicho. Después de estas palabras el ángel se retiró.
Ser servidor del Señor no es fácil, porque consiste en hacer su voluntad, en la iglesia cuesta encontrar hermanos que se comprometan a trabajar en la obra del Señor, por lo general todos andan muy ocupados, pues han adquiridos compromisos con el mundo para poder realizar los planes y metas que se han forjado y esto no es malo, pero si los que son buenos o cristianos no se comprometen, si nos sacrificamos para vivir en una mejor condición aquí en la tierra, con mucha más razón tendríamos que sacrificarnos por las cosas del reino, el lugar donde todo será felicidad y no abra más llanto, ni desesperación, pues como iglesia nosotros somos la novia y Jesús es el novio y tenemos que sacrificarnos para alcanzar la santidad, la palabra nos dice en Ap. 19,7-8 Alegrémonos y regocijémonos y demos gracias a Dios, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa ya está lista; la han vestido de lino radiante de blancura.
María dijo sí. Soy tu servidora; se negó a sí misma y lo hizo con amor, como nos dice la palabra en 1Co 13,7 El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
El mismo Jesús se sacrificó y dijo si al Padre en su obediencia y amor bendito, para venir a este mundo y Salvarnos del camino que llevamos sin Dios, por eso él dice en Jn. 17,16-19 Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Hazlos santos según la verdad: tu Palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así yo también los envió al mundo, y por ellos voy al sacrificio que me hace santo, para que ellos sean verdaderamente santos.
María llena de felicidad ante tal noticia, sube al cerro de Judá a visitar a su prima Isabel para comunicarle esta buena noticia.
Cuando ya llevamos a Cristo en nuestras entrañas, andamos felices y queremos que todo el mundo lo sepa y somos capaces de ir donde sea con tal de anunciarlo, esto es como la parábola del tesoro que nos relata Mt 13,44 El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre lo vuelve a esconder y, de tanta alegría, vende todo lo que tiene, para comprar ese campo.
Así nos pega de duro el amor a Cristo, que nos cambia toda nuestra manera de pensar y de actuar, porque hemos encontrado la verdad que nos hace libre, la paz que no la da el mundo y el amor que nunca más se acabara.
Y es que María iba tan llena de ese amor, que apenas Isabel oyó su saludo, el niño que Isabel esperaba dio salto en su vientre.
Estas maravillas ocurren si realmente andamos a ese Cristo vivo en nuestro corazón, la fuerza del Espíritu del Señor actúa con poder, como le paso a Pedro y a Juan como nos dice He 3,3-7 Cuando Pedro y juan estaban por entrar al templo, el hombre les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se fijó en él y le dijo: Míranos. El tullido los observaba, esperando recibir algo. Pedro entonces le dijo: No tengo oro ni plata., pero lo que tengo, te lo doy: ¡por el nombre de Jesús de Nazaret, camina! Y lo tomo de la mano derecha y lo levanto.
Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamo en alta voz: ¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
María es bendita porque fue la única mujer que Dios se pudo fijar, para que de ella naciera nuestro Señor, las cualidades que tenía María eran tan perfectas que jamás mujer alguna en la tierra las iba a poseer y si Dios se fijó en ella por ser tan especial, nosotros debemos de imitarla, pero con el corazón abierto a decirle si al Señor, para estar dispuesto a participar de su obra.

Share Button
Powered by Bullraider.com